martes, 1 de enero de 2008

Tire-pull

Ya estaba a pocos metros. Increíblemente, las 30 cuadras que separaban al Patio Olmos de mi casa se habían hecho eternas. Tanto que temía la pérdida del amor de mi vida, quien me esperaba del otro lado de las pesadas puertas de vidrio que separaban a la vieja escuela del mundo exterior.
A medida que avanzaba, mi corazón latía hasta salirse de mi pecho y volar hacia ella. La emoción me abrazaba y me hacía sentir en el paraíso, en un paraíso terrenal con el que siempre había soñado. Me pidió que nos juntásemos a hablar, para decirme que sí, que aceptaba mi amor de una vez por todas. Al menos eso esperaba.
Avanzaba por Vélez Sarsfield, crucé el Teatro del Libertador y observé la primera puerta del Patio Olmos, imponente, que me invitaba al amor. Sin embargo, ella me esperaba en el bar que daba exactamente a la esquina de Vélez Sarsfield y bulevar San Juan, razón por la cual preferí entrar por el acceso más cercano.
Por fin llegué a la intersección, subí por las escaleras que bordean el ingreso al centro comercial y encaré la puerta casi corriendo. No podía perder ni un segundo antes de verla. –Vení al Patio Olmos urgente que quiero hablar con vos. Es sobre aquello que me preguntaste hace unos días, amor-. “Amor” me había dicho. No podía haber errores, ¡me había dicho “amor”! Definitivamente me citaba para entregarse a mí, para siempre.
Casi corriendo, encaré de frente una de las puertas laterales, para no tener que perder tiempo en el pequeño hall que antecede al bar cuando uno ingresa por el centro. Entre los pesados vidrios observé su cara angelical, sonriente, y su palma agitándose ante mi encuentro.
Aceleré mi marcha y enfrenté el “tire-pull” de la puerta con mi mayor decisión, como si allí se simbolizara el ingreso a una vida mejor, el cumplimiento de todos mis sueños, la entrada a su corazón. Y así lo tomé.
Puse una mano sobre la manija y la empujé con todas mis fuerzas mientras prácticamente corría hacia ella. De pronto, todo se apagó, y poco después volvió a prenderse. La gente me rodeaba curiosa, asustada. El hilo caliente rojo fuerte que salía de mi nariz ya me llegaba al pecho y había arruinado toda mi ropa. Sentía que la cara me latía con fuerzas y que los ojos en cualquier momento saldrían de su órbita. “Si se van, no podré verla más”, le pedía a mis propios órganos.
La emoción, el amor, el temor a llegar tarde a mi última llamada, mi última oportunidad, impidieron que me detuviese a pensar en el significado de la palabra tire-pull. Fueron 80 kilos lanzados con toda furia hacia una puerta del vidrio más grueso, y en medio un débil tabique nasal que sufrió las consecuencias del grave impacto.
Ella finalmente terminó conmigo poco después de aceptarme. Pero, ese día, comprendí que hasta las palabras más sencillas tienen significados incomprensibles.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Un final inesperado

Contaba con el arma más poderosa de seducción: se sabía lindo. Estaba conciente de ello y así actuaba cada vez que se relacionaba con alguna fémina, con la altanería de quienes, saben, tienen todas las de ganar, porque son lindos.
Mauro era así, aunque lo negaba. Caminábamos por las calles de Mina Clavero, por citar un ejemplo, y él se separaba del resto, para que todo el mundo vea su belleza. Íbamos a cualquier boliche y se paraba en los balcones, o bien cerca del baño de mujeres. Sólo le bastaba con que lo mirasen y lo demás era apenas un trámite. No necesitaba ser simpático, culto o interesante, tenía a su belleza como punta de lanza.
Pero la belleza no siempre es la mejor aliada.

El Galpón era el lugar de moda en aquél entonces. Se trataba precisamente de un galpón bastante humilde pero con el decorado, las luces y los relaciones públicas correctos. Sólo con eso le bastó para ser la discoteca de moda durante un verano en Carlos Paz. Mauro estaba esa noche con sus amigos, en plena cacería. A diferencia del resto, Mauro encaraba estas situaciones con el aplomo de quien sabe que tiene el as de espadas en su mazo. Mientras los otros correteaban a las mujeres con toda clase de historias, ciertas o no, y mohines, Mauro tomaba una cerveza junto a la barra y observaba. Observaba a quién le mostraría su bella cara, razón suficiente como para pasar una noche placentera. En otras palabras, buscaba a la ganadora de un premio que él estaba convencido que poseía.
Y la encontró, pero en este caso no era una, sino que varias.
Por un momento, la rutina de la noche se vio interrumpida por una decena de mujeres, tan bellas como exaltadas, que ingresaron prácticamente corriendo a la pista principal para bailar sin ningún tipo de urbanidad, como si nadie hubiese allí dentro. Estaban disfrazadas y, se notaba, habían consumido cantidades siderales de alcohol.
Todos los hombres comunes vieron a las mujeres y comprendieron rápidamente que se trataba de una despedida de soltera, razón por la cual no era muy aconsejable acercarse a ellas directamente porque, se sabe, lo más factible es que uno termine siendo el hazmerreír de la fiesta. Lo mejor era atacar por los flancos, eligiendo bien algún objetivo y centrándose en él. Hablarle disimuladamente para alejarla de ese núcleo de excitación compartida con el fin de acrecentar las chances de obtener la gracia divina, es decir, sexo.
Pero, claro, ese es un razonamiento para cualquier terrícola, mas no para Mauro, quien se acercó decidido por el centro de la jauría y comenzó a menearse como regalando su cuerpo a tantas mujeres. Ellas, agradecidas por contar tan fácilmente con semejante espécimen, lo rodearon y comenzaron a tocarlo y besarlo como si se tratase de una copa mundial. Mauro, sabiendo que no sólo sus amigos lo miraban boquiabiertos por aquél triunfo inédito, se regocijaba en su éxito y se entregaba de cuerpo y alma a ese momento mágico.

Poco después, las chicas se cansaron de la adoración y pretendían pasar a otra instancia. Más intima, por así decirlo. Pensaban ir a otro boliche y llevarse a Mauro como si fuese algo para comer en el camino. Mauro, claro está, después de contarle a todos sus amigos del ofrecimiento, para que se mueran de envidia, aceptó gustoso el convite.
Ya en el automóvil, la adoración y el manoseo de las exaltadas chicas se hicieron un poco más intensos. Mauro creía que estaba viviendo un sueño. ¿A quién no le gustaría tener a tantas chicas para uno solo, y sin pagar un centavo?, se preguntaba.

El recorrido no duró mucho, pues Molino Rojo, la próxima parada, estaba a poca distancia del Galpón. Sin embargo, para Mauro fueron los mejores 15 minutos de su vida, y estaba decidido a prolongarlo todo el tiempo que pueda.
Pero las chicas tenían otros planes. Primero, trataron de dejar a su dulce bombón en la calle, pues ya estaban hartas de él, pero no pudieron debido a su tenaz resistencia. Mauro estaba decidido a llevarse por lo menos a una de esas chicas a la cama. De hecho, si era un premio, ¿por qué no irse con la que se casaba? ¿Qué mejor forma de terminar una despedida de soltera?, pensaba con su amor propio por las nubes.
Así fue como logró acompañarlas hasta el boliche, ya la tercera parada de las chicas, convencido de que en unos minutos ya estaría a las puertas de una nueva conquista.
Sin embargo, Molino Rojo es grande, y apenas ingresaron nuestro héroe perdió de vista a las chicas, quienes tal como le dijeron minutos antes, querían continuar la fiesta en soledad.
En vano las buscó Mauro, pues parecía que se las había tragado la tierra. Buscó, revolvió, preguntó, se distrajo con otras chicas en el camino, pero nada. Entonces, cabizbajo, entendió que al fin y al cabo los sueños, sueños son y decidió regresar a Córdoba.
Pero el regreso no sería sencillo, pues no tenía dinero y sus amigos ya se habían ido, o al menos eso imaginaba ya que en ese entonces no había telefonía celular. Lo primero que hizo, por las dudas, fue regresar al Galpón, que estaba ubicado precisamente en la ruta que va hacia Córdoba. Mas ya no había nadie, pues era demasiado tarde. Entonces, se paró a la vera del camino y comenzó a hacer dedo, ya en un gesto de absoluta desesperación. Afortunadamente, un Fiat Fiorino se detuvo para llevarlo. Era un hombre muy amable que, según dijo, tenía que ir a Córdoba a trabajar.
Si bien la noche no había culminado como se lo imaginaba, Mauro sintió que la suerte volvía a sonreírle; ya estaba de regreso a casa, y sin gastar un centavo.
Pero no todo es lo que parece. A los pocos metros, el conductor de la Fiorino le confesó que no iba a Córdoba, sino que frenó porque Mauro le parecía muy lindo y tenía toda la intención de intimar con él. Nuestro héroe, gentilmente, le dio las “gracias, pero no”, se bajó de la camioneta bajo cualquier pretexto y se olvidó de hacer dedo, por el momento.
Pasada las ocho de la mañana seguía en Carlos Paz, como si esa ciudad no le permitiese salir. Como si fuese un ente pensante que maneja a los seres humanos a su antojo, para que Mauro se quede allí por siempre.
Desesperado, comenzó a caminar hasta llegar a Keops, la discoteca más importante de la villa, que se encuentra en el ingreso a la autopista que une a Carlos Paz con Córdoba. Era su última oportunidad, pues normalmente a ese lugar iba mucha gente de la ciudad.
Se acercó a la salida, en donde había un verdadero mar de personas que se debatían entre el sueño y el exceso de alcohol, y entre el deseo de regresar a casa o continuar con la juerga. Utilizó sus últimas fuerzas para echar un vistazo, y afortunadamente divisó a un conocido del trabajo. Sin perder el tiempo, se acercó hacia él y le rogó que lo llevase a Córdoba. Su camarada asintió sin inconvenientes y, por fin, la noche de Mauro se terminaba.
Mientras regresaba a su casa, confortablemente sentado en ese auto último modelo, pensaba: ¡Pobres chicas! Se perdieron de pasar una noche conmigo…

Lamentablemente, no todos aprenden la lección.

martes, 18 de diciembre de 2007

La borrachera más justa

El cumpleaños de Camilo estaba terminando en Molino Rojo. En realidad, para él había terminado hacía un rato, pues celebró la llegada de sus 17 años con una borrachera soberana.
Y se la merecía, como merecía que nosotros, sus amigos, lo cuidásemos, porque siempre se había encargado de protegernos, con un gesto paternal notable. Él era quien nos sacaba de apuros, nos defendía contra los grandotes, nos hacía entrar a los boliches o nos cargaba cuando era necesario.
Esta vez, era su turno, y estaba absolutamente descontrolado. Su borrachera valió por todas las otras. Era imposible contenerlo. Orinó en la barra mientras pedía un trago, se quiso pelear con todos los guardias, pretendía hacerle el amor a su novia en los reservados del boliche, se cayó cuantas veces pudo y, lo que aquí nos trae, casi la engaña, a ella, la mujer de su vida.

La situación de Camilo era extraña, ya a los 17 años. Primero, porque era el único que tenía la tranquilidad de haber encontrado a la mujer de su vida a tan temprana edad, y también porque, de todos los amigos que tuve por aquellos tiempos, que fueron muchos, sólo Camilo fue fiel a su amada, acaso porque estaba conciente de que era lo más importante de su vida.
Sin embargo, hasta el más perfecto de los príncipes tiene sus momentos de debilidad por algunas piernas incorrectas. A quién no le ha pasado.
Pero lo de Camilo fue distinto a lo normal, y hasta lógico.

Con mis amigos, siempre fuimos de mantener las rutinas, que cuando se repiten muchas veces algunos las llaman tradiciones. En el caso de Molino Rojo, hacíamos lo mismo todos los sábados. Nos juntábamos después de cenar, tomábamos el colectivo nunca después de las 11 de la noche, para llegar a Carlos Paz antes de las 12. Despuntábamos el vicio un rato en City Game y buscábamos a Dady para que nos dé los descuentos.
Luego, regresábamos un rato más a City Game y cerca de la 1 de la madrugada emprendíamos el recorrido a Molino Rojo con el fin de llegar apenas terminaba el matinée. Es que nos gustaba entrar al boliche cuando estaba prácticamente vacío y escoger el lugar de siempre, en el balconcito que estaba frente a la pista más pequeña, delante de los nueve televisores en los cuales pasaban los video clips de moda.
Y, claro, parte del ritual de ingreso era salir corriendo hacia la barra para cambiar la consumición por algún trago. Esos tragos horribles que uno toma en su adolescencia: nafta súper, séptimo regimiento dulce o seco, piña colada con cuantas cosas nos imaginemos, etcétera. Y como frutilla del postre, el balde, que no era otra cosa que un montón de bebidas alcohólicas de escasa calidad rebajadas con durazno o granadina. En resumen, un espanto. Pero nosotros lo tomábamos. Con gusto y, especialmente, con velocidad, así nos emborrachábamos más rápido.
Pero, esa noche, Camilo estaba particularmente excitado. Es como si, antes de salir, hubiese planeado dejar de ser perfecto por un rato y comportarse como el peor de todos. Y lo hizo, pues apenas empezó la noche ya estaba completamente borracho, con devolución de brebajes por vía oral (vómitos) incluidos.

Pasaba la noche y Camilo estaba en su salsa, absolutamente excitado, pasado de vueltas, diría. Corría, quería pelear con todo el mundo y pretendía sobrepasarse con su novia, pero siempre, de alguna extraña manera, frenaba sus instintos justo antes de cometer el pecado.
Hasta que apareció Mariela.
Mariela era una chica de escasa belleza que debido a un par de deslices se había ganado el injusto mote de chica fácil. A causa de ello, tenía que renegar continuamente con adolescentes tapados hasta los ojos de hormonas que pretendían hallar en ella el favor que todos buscamos en la vida, especialmente a esa edad: sexo.
Sin embargo, ella no era así, aunque debía cargar con ello.
Camilo, como todos nosotros, estaba al tanto de la fama de Mariela y apenas la divisó se abalanzó sobre ella, pero con el aparente fin de entablar una charla amistosa. Y ella le creyó, pues Camilo era el hombre más caballeroso del mundo. Nadie imaginaba que podría pretender siquiera sobrepasarse con una dama.
Nadie lo imaginaba hasta esa noche.
Con los ojos salidos de su órbita, Camilo comenzó a buscar un acercamiento físico con Mariela, que no veía con malos ojos aparearse con quien en esos días era el galán del barrio. Pasaban los minutos y el espacio entre los dos se esfumaba como el aire entre las manos. Ambos ya podían sentir la respiración del otro, mientras el sexo de Camilo crecía y crecía. En ese momento, el deseo podía palparse hasta con las manos.
Pero el problema era que Ella, la mujer de su vida, estaba apenas a unos metros de distancia y en cualquier momento podía divisarlo en esa actitud pecaminosa. Afortunadamente, su escasa visión le impedía observar aquella lamentable escena, pues no salió con sus anteojos, pero era cuestión de minutos que decidiera salir a buscarlo y encontrarse con él.

Mucha gente tiene una concepción errónea de las amistades de un adolescente. Como si el grupo al cual pertenece un joven fuera necesariamente la razón de su perdición, o sus errores. Mas en algunos casos esa influencia puede ser positiva, al punto de salvar la pareja más perfecta del universo. Porque nosotros, sus amigos, fuimos más rápidos que Ella y divisamos a Camilo a punto de cometer el error de su vida. Rápidamente, bajamos las escaleras de Molino Rojo y nos abalanzamos sobre él para cortar la conversación con Mariela. Sin explicaciones, pusimos cualquier excusa y nos lo llevamos de los pelos, pues aún los tenía.
Ya en sí, aunque en apariencia, Camilo entró en razón y regresó a los brazos de su novia. Y ella lo cobijó mientras él sufría las consecuencias de la borrachera más justa de la historia.

Y aún lo cobija.

lunes, 10 de diciembre de 2007

El principio del principio

La siesta de abril de 2007 me encuentra sentado ante la computadora con el firme propósito de comenzar el humilde relato de un viaje que para mí, con 29 años, ocho meses y 20 días, fue el mejor de mi vida.
La historia comienza hace exactamente cuatro meses, cuando uno de mis mejores amigos me dio dos opciones, que serían los destinos a seguir durante las vacaciones que se avecinaban: Río de Janeiro o Cuzco. Ambas asomaban interesantes, pero la posibilidad de conocer la cuna de la historia latinoamericana y mi inconveniente ante la exposición solar, por el blanco extremo de mi piel, me terminaron por decidir. Perú era el destino.
Poco después comenzó el camino de la diagramación del viaje, que al menos para mí incluía conocer más de aquél maravilloso lugar. En otras palabras, desburrarme un poco. Y lo logré, porque descubrí que la zona no se limitaba a Cuzco y el Machupicchu, sino que era mucho más extensa, más rica, más interesante.
Entre discusiones, posibilidades y el sabio manejo de Chiquito Reyes, mi compañero de ruta, el periplo quedó diagramado de la siguiente manera: avión hasta La Paz, donde dormiríamos dos noches; luego partiríamos rumbo a Copacabana, ubicado en la frontera con Perú; posteriormente cruzaríamos la frontera hacia Puno y finalmente Cuzco, desde donde tomaríamos el avión de regreso a Córdoba.
Pero lo que en ese momento no sabíamos era que la aventura recién comenzaba.

martes, 4 de diciembre de 2007

La región mesiánica

A juzgar por algunos datos preocupantes, Venezuela estaría cerca de perder la gran oportunidad de hacer realidad un proyecto muy interesante que podría, por fin, generar el desarrollo de un socialismo democrático y positivo. Los pecados propios de una región mesiánica y los errores de un líder invadido por un exceso de poder podrían tirar por la borda años de esfuerzo. Lamentablemente, hay características que unen de una manera notable a latinoamérica y el mesianismo es una de ellas. No hay dudas, pues quienes vivimos por estos lares no podemos evitar el deseo de que un ser superior nos saque de nuestra amarga realidad. Como si no tuviésemos la madurez suficiente como para hacer algo por nosotros mismos y necesitemos volcar responsabilidades hacia algún iluminado. Y así nos va, porque si repasamos rápidamente la historia latinoamericana hallaremos que absolutamente todos los proyectos políticos se agotaron en unos años. Y esto sucedió no sólo porque en muchos casos eran inviables (recordemos el neoliberalismo de la década pasada), sino porque somos incapaces de sostener un proyecto más allá de los nombres propios. Hoy, la República Bolivariana de Venezuela se debate entre la aprobación o no de un texto constitucional que si bien intensifica la entrada del país al denominado socialismo del Siglo XXI y tiene algunas cuestiones muy interesantes, propone además la entrega de una desmedida cuota de poder al presidente, en este caso Hugo Chávez. Tan es así, que las voces opositoras sólo apuntan hacia apartados como la reelección indefinida y no a otros aspectos que son mucho más importantes y positivos para la vida del país. Desde esta columna siempre decimos que independientemente de la ideología que escogimos, latinoamérica se encuentra en una situación ideal para alcanzar una relativa estabilidad política, pero equivoca el camino. Cuando la fórmula debería ser el fortalecimiento de las instituciones democráticas, con el objetivo de que el poder no recaiga sobre una sola persona o entidad, elegimos basándonos en las promesas de un solo líder, y no podemos o no queremos ver más allá de nuestras narices, especialmente ante un proyecto interesante. Mientras, los opositores a esos líderes paternales son aún peores, pues representan a pequeños grupos enviciados por siglos de poder que otrora encabezaron las matanzas más aberrantes desde que los españoles acabaron con los indígenas del continente. Si bien la idea es plantear un problema y que cada uno saque sus propias conclusiones, tal vez no sería mala idea leer la propuesta de una democracia parlamentaria confeccionada por el juez de la Suprema Corte de Justicia Eugenio Zaffaroni (Le Monde Diplomatique del mes de septiembre).
Patricio Ortega

lunes, 12 de noviembre de 2007

El bien supremo


Aunque lo sospechaba y lo intuía, Winston Smith tomó real conciencia de cómo funcionaba el sistema bajo el cual vivía recién cuando fue atrapado por el Partido. Antes, se había preguntado quiénes eran los enemigos capturados por el ejército que desfilaban por las cales de Eurasia. De qué guerra provenían, porque ni siquiera estaba seguro de que las guerras que cronicaban con tanto detenimiento fuesen reales. Pero lo cierto es que existían y, de hecho, su mera existencia se transformaba en un paso más hacia el autocontrol de una sociedad en la cual los propios ciudadanos eran la herramienta perfecta para mantenerse a raya a sí mismos. Si bien la maravillosa 1984 de George Orwell plantea un mundo dominado por el comunismo y el nazismo ofrece también algunas coincidencias escalofriantes con la realidad actual. Porque, así como a Winston Smith -el personaje central de la novela- le resultaba difícil calificar a los enemigos que desfilaban por las calles de su ciudad, hoy a todos nos cuesta definir al enemigo número uno del mundo: Al Qaeda. ¿Realmente alguien puede definir con relativa certeza qué es y cómo funciona la omnipresente red dirigida desde alguna parte por Osama ben Laden? O más aún, ¿alguien se atreve a realizar una definición específica de terrorismo? Porque si nos centramos en los conceptos más corrientes, terrorismo es infundir terror mediante determinados actos. Entonces, tan terrorista es aquél grupo que pone una bomba en Atocha o las Torres Gemelas, como el ejército que invade un país o asesina indiscriminadamente con el mero fin de aterrorizar a una población. ¿Acaso son tan diferentes los fines que persigue uno y otro bando? No, ambos quieren precisamente infundir terror. Pero, yendo un poco más allá en el análisis, otra coincidencia con el libro de Orwell radica en la despersonificación del enemigo de turno, en este caso el radical islámico. Su deshumanización. El constante bombardeo mediático y/o publicitario lo muestra como un loco envuelto en un turbante, con sus ojos rojos de ira y su barba negra y abundante, capaz de hacer cualquier cosa en pos de un objetivo maléfico: destruir el mundo. El mal por el mal en sí mismo, sin justificaciones, sin una historia que lo explique, pero que gracias a su maldad permite legitimar cualquier medida en su contra. Como la que tomó el dictador Pervez Musharraf en Pakistán: en nombre del combate al terrorismo limitó todas las instituciones democráticas (que, a decir verdad jamás respetó) para acallar a una oposición cada vez más numerosa y poderosa. Las potencias occidentales, que tan rápido actuaron en contra del dictador Saddam Hussein o que atacan a los dictadores Fidel Castro y Hugo Chávez, bien gracias.

Rebelde por naturaleza


Martín Lutero (o Martin Luther, o Martin Luder) fue de esas personas capaces de cambiar por completo su sistema de creencias a partir de las convicciones adquiridas con el estudio, la observación y el paso del tiempo. Y como cualquier etapa de cambio, primero sufrió un quiebre interno –en este caso una profunda decepción- y luego expresó públicamente su nuevo parecer, con las consecuencias que todos sabemos produjo su obra.
Pero, antes de cambiar al mundo, el joven Martín era el hijo de Hans y Margarette Lutero, y fue concebido en la ciudad alemana de Eisleben, donde nació el 10 de noviembre de 1483, 31 años después de que la imprenta de Gutenberg iniciara el trabajo de edición de la primera Biblia. Su padre, quien dirigía varias minas de cobre, realizó ingentes esfuerzos para darle la mejor educación, ya que soñaba con que su hijo se transformara en funcionario público. Y ese fue el camino que siguió Martín, pues se inscribió en la Universidad de Derecho de Erfurt. Mas todo cambiaría en 1505, cuando Lutero tenía 22 años, pues regresando de la casa de sus padres quedó atrapado en una tormenta eléctrica y ante el temor de perder su vida, se juró a sí mismo que si salía con vida se convertiría en monje. Y así lo hizo.
Contradiciendo los deseos paternos, Martín abandonó la universidad y entró en el monasterio agustino de Erfurt el 17 de julio de 1505. Su dedicación fue absoluta, a tal punto que Johann von Staupitz, el superior de Lutero, concluyó que el joven necesitaba más trabajo para distraerse de su excesiva reflexión, y le ordenó que comenzara una carrera académica. Entonces, estudió con intensidad las Escrituras hasta recibirse en Doctor en Teología.
En esos días fue enviado a Roma, donde pudo observar desde el interior las conductas de la Iglesia Católica y donde precisamente comenzaría el cambio.

La procesión va por dentro



Fue a través de sus estudios sobre los inicios del cristianismo que Lutero comenzó a sacar algunas conclusiones polémicas para la Iglesia. En primer lugar, el hecho de ir a las fuentes le permitió extraer conclusiones propias, más allá de la doctrina vaticana. Por ejemplo, entendió que la Iglesia caía en una incorrecta interpretación de la Ley de Moisés (entendida como el conjunto de preceptos que incluyen la ley moral, la ley ceremonial y la ley civil que Dios dio a Moisés) con los Evangelios y que ese era el principio del error teológico católico. Allí desarrolló su teoría de la gracia, que básicamente consistía en que “sólo la fe en Dios hace justos a los hombres. Esta justificación por la fe implica que la fe del cristiano no puede darse a través de un agente externo, sea eclesiástico o político. La fe es una predisposición interna del individuo que lo inclina hacia Dios” (1). En consecuencia, para él la esencia del cristianismo no se encuentra en la organización encabezada por el Papa, sino en la comunicación directa que cada uno establece con Dios. Y el único canal válido para establecer esa comunicación es la Biblia y la interpretación que cada persona hace de ella, y no el entendimiento de un agente externo, en este caso la Iglesia.
Pero más allá de estas reflexiones que en un principio eran internas, el punto de partida del enfrentamiento entre Lutero y la Iglesia Católica surgió a partir de su desacuerdo con las indulgencias. La indulgencia es un perdón otorgado sobre el castigo temporal, después de que la culpa haya sido eliminada por la absolución. En ese entonces, las indulgencias se compraban y consistían en un importante ingreso para la Iglesia, a tal punto de que se organizaban expediciones para otorgar estos perdones, con el fin de financiar, por ejemplo, la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma.
Lutero observó cómo a partir del tráfico de indulgencias se desvirtuaban la confesión y el arrepentimiento verdadero, que en sí mismos representaban la verdadera forma de pagar por los pecados cometidos. Y fue en esos años cuando sus desacuerdos pasaron de lo privado a lo público, pues ya en sus sermones expresaba sus discrepancias con el mando central, es decir, el Papa.

Llegó la hora de revolucionar



Transformado ya en un activo crítico de las prácticas de la Iglesia, el 31 de octubre de 1517 cambiaría por siempre su relación con la institución a la que perteneció por años, pues escribió sus 95 tesis y luego las colocó en la puerta de la Iglesia de Wittenberg, con el objeto de generar un debate a partir de ellas. Y no sólo generó un debate, sino que puso la piedra basal del cambio por el cual lucharía el resto de su vida, porque fue desde las 95 tesis que su condición de opositor a la autoridad papal cobró estado público.
Lutero jamás imaginó que lograría semejante repercusión con sus pensamientos, pero, bondades de la imprenta mediante, pronto su mensaje se extendió por gran parte de Europa.
En ellas, el sacerdote expresaba todos sus puntos de vista sobre los deberes que debería tener la Iglesia Católica como institución y recortaba los poderes del Papa, con el fin de “despolitizar a la religión”, especialmente en torno a las facultades de otorgar el perdón y de ordenar la permanencia de un alma en el Purgatorio, pues entendía esas tareas como de competencia exclusiva de Dios.
También proponía que la Iglesia dejase de ser una autoridad máxima en el sentido en que estaba concebida en ese entonces, para transformarse en “una comunidad de creyentes, una reunión de corazones en una sola fe, el único fundamento para constituir una Iglesia”. En consecuencia, el ministerio ya no era una mediación necesaria, sino que todos los hombres podrían ser sacerdotes y mensajeros de la gracia.

Reacción tardía



En un principio, el Vaticano menospreció a Lutero al calificarlo de “borracho alemán que escribió las tesis”. Grueso error, porque cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde: las tesis del sacerdote rebelde se habían expandido por toda Europa generando fuertes debates entre los creyentes. La Reforma, de hecho, ya había comenzado.
Un año después de la publicación de las tesis, el papa León X ordenó al profesor de teología Silvestre Mazzolini investigar el tema, con el objeto de refutar las críticas expresadas por Lutero. La primera conclusión de Mazzolini fue de denuncia, pues concluyó rápidamente que el sacerdote alemán se oponía a la autoridad del Papa, razón suficiente para declararlo hereje y desarrollar una teoría para refutar cada una de las tesis. Pero no hizo más que alimentar la polémica al mismo tiempo que le dio la oportunidad a Lutero para que continúe publicando sus conceptos críticos hacia la Iglesia. Y lo transformó en una celebridad en Europa a punto tal que estudiantes de todo el continente viajaban a Wittenberg para escucharlo.
Ya a estas alturas, las diferencias entre el sacerdote rebelde y Roma eran insalvables y acaso la única salida para Lutero era la creación de una nueva corriente, independiente de la Iglesia Católica, pues ésta nunca dejaría de reconocer al Papa como una autoridad suprema y absoluta. En 1520, Lutero era excomulgado por la Iglesia y llegó a comparar al Sumo Pontífice con el Anticristo. En su escrito A la Nobleza Cristiana de la Nación Alemana esbozó una teoría completamente diferente a la católica, con el objeto de fundar una nueva iglesia, idea que terminaría de perfeccionar en el Castillo de Wartburg, en donde permaneció oculto durante más de un año a causa de la persecución papal.
El resto ya es historia conocida. Lutero se casó, tuvo seis hijos y murió en 1546. Lideró la Reforma protestante, sufrió las consecuencias de la Contrarreforma lanzada por el catolicismo y fue uno de los protagonistas excluyentes del final del Medioevo, o el oscurantismo científico.

Repercusiones de una obra



Si bien su intención era despolitizar a la religión, parte del éxito de su doctrina se basó precisamente en razones políticas. En aquel entonces, el feudalismo estaba dando sus últimos pasos y nacía una nueva ideología, conocida más tarde como capitalismo. La Iglesia estaba perdiendo su poder y los Estados ya tenían intenciones de dirigirse a sí mismos, lejos del control eclesiástico. Lutero y sus teorías fueron un pilar fundamental para aquella transición, pues precisamente propugnaba la separación del pensamiento religioso y el pensamiento político, acaso el argumento más importante que podían utilizar los nobles para dirigir sus reinos lejos de la Iglesia Católica. A partir de Martín Lutero podríamos decir que el poder secular se hizo cargo en Europa.
También hizo grandes aportes al idioma, el alemán, pues sus traducciones de la Biblia ayudaron a construir una versión estándar de la lengua alemana, al tiempo que dejó enseñanzas sobre la autoridad, la obediencia y el orden.
Su rebeldía ya se expresaba desde su juventud, cuando desoyó a su padre para ingresar al sacerdocio. Pero su pensamiento religioso lo convirtió en uno de los rebeldes con causa más importantes de la humanidad, que como pocos dividió la historia en un antes y un después de su existencia.

(1) Tomás Varnagy: "El pensamiento político de Martín Lutero".



martes, 6 de noviembre de 2007

Basado en hechos reales


Una frase cargada de sabiduría afirma que la realidad supera a la ficción, es decir, que ni la más imaginativa mente creadora puede siquiera igualar los hechos que ocurrieron y aún ocurren en la vida real. Para apoyar este concepto, sería bueno hurgar en todas las obras literarias y cinematográficas para averiguar si algún escritor pudo unir en una trama a la CIA, la logia Propaganda Due (P2), el gobierno italiano, el Vaticano, el papa Juan Pablo I, la Red Gladio, el Banco Ambrosiano, las acciones paramilitares apoyadas por Estados Unidos, la lucha contra el comunismo en la Guerra Fría, Francis Ford Cóppola, golpes de Estado y la mafia italiana, entre otros.
Aunque todos estos actores parecen imposibles de unir entre sí, una extraña trama que nos brindó la historia reciente atenta contra la lógica al mencionar un solo nombre: Roberto Calvi, muerto en circunstancias dudosas el 18 de junio de 1982; hace 25 años. Más conocido como el Banquero de Dios, Calvi fue la cabeza visible del Banco Ambrosiano, cuyo accionista mayoritario es nada menos que el Vaticano.
La película comienza el día que Calvi fue hallado sin vida, colgado del puente Blackfriars, de Londres. Inmediatamente, los investigadores cerraron el caso bajo el rótulo de suicidio, pero las dudas no se aclararían nunca. Allí fue cuando comenzaron a tejerse todo tipo de teorías que tenían un comienzo en común: Calvi había sido asesinado. Más de 20 años después, la reapertura del caso y una nueva autopsia sobre el cuerpo del banquero demostraron que éste no podría haberse quitado la vida, pues su cuello no presentaba las lesiones que suelen tener aquellos que deciden ahorcarse.
En el medio, comenzaron a descubrirse las conexiones que Calvi tenía con los sectores más poderosos del mundo y, por lo tanto, la gran cantidad de secretos que conocía, cuestión que lo convertía en alguien que sabía demasiado.

En algunas ocasiones, para explicar algunos hechos es mejor remontarse al pasado. En este caso a la post guerra y el inicio de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban el mundo y en Occidente comunismo era una mala palabra; a tal punto que todos los esfuerzos estaban orientados a acabar con la amenaza que crecía tras la cortina de hierro. Para ello, minaron el mundo de movimientos orientados a proteger el capitalismo, y en Europa hicieron centro en Italia, donde el Partido Comunista Italiano (PCI) era el más popular del país y había grupos más extremos, como las Brigadas Rojas, que también pregonaban por el marxismo. Este contexto llevó a la CIA a operar con fuerza en Roma y a encontrar un aliado fundamental en el Vaticano y la logia P2, a la cual pertenecía el propio Calvi. La logia se encargaría de infiltrar a sus integrantes en todo los estamentos del Estado, mientras el Banco Ambrosiano haría lo propio con el lavado de dinero para subvencionar campañas para mantener el sistema, tales como golpes de Estado, lucha antiguerrillera y atentados que luego serían adjudicados a grupos de izquierda. La mafia, en tanto, se encargaba del trabajo sucio, como limpiar Sicilia de comunistas o asesinar personalidades. Y en el medio, Calvi, director de la entidad crediticia y prominente integrante del grupo secreto. Definitivamente, un hombre que sabía demasiado. Según esta teoría, la mafia efectivamente estuvo implicada con el asesinato del banquero, pero no por una deuda sino por un encargo superior; el mismo que estuvo relacionado con el deceso de Juan Pablo I. Este hecho no sólo llegó a los investigadores periodísticos, sino al cine, con la película El Padrino III, en la cual el mítico mafioso Michael Corleone estaba mezclado con toda esta trama siniestra, obviamente, nunca declarada.
Pero volviendo a la trama de la película, lo cierto es que toda la red de corrupción y las relaciones ilegales saltarían por los aires con la quiebra del Banco Ambrosiano y la muerte de Juan Pablo I.

La P2 y la CIA

La P2 fue fundada por Licio Gelli, un empresario textil que anteriormente había luchado contra las fuerzas Republicanas en España, luego fue reclutado por las SS nazis para terminar recalando en la CIA. Gracias a su logia, Gelli fundó una base de poder increíble, que incluso llegó hasta Sudamérica, y estuvo relacionado con cuanto acto ilícito y conspirativo haya ocurrido en Italia. Tenía el poder de derrocar gobiernos, organizar atentados, favorecer el escape de nazis hacia otros países (la Argentina incluida) y todo bajo el ojo observador de la inteligencia norteamericana, a la cual le convenía tener a un hombre de esas características en Europa para mitigar el avance del comunismo en el continente y del PCI en Italia. Uno de sus más importantes colaboradores era Michele Sindona, miembro relevante de la logia, banquero de la Cossa Nostra desde 1957 y consejero financiero del Vaticano. A través de las finanzas del Vaticano –el Banco Amrosiano- se tejió una amplia red de lavado de dinero para llevar a cabo las actividades ilícitas de la CIA. Allí es donde entraba en juego Calvi, quien apadrinado por Sindona lograría una meteórica carrera en el banco de la Santa Sede hasta convertirse en su director. Esta posición que parecía de privilegio, en realidad era un lugar harto complicado, pues Calvi estaba al tanto absolutamente de todas estas actividades. La reacción en cadena que disparó la quiebra fraudulenta del Ambrosiano arrastró consigo a Sindona, quien fue enjuiciado en Estados Unidos y luego extraditado a Italia, donde moriría de un aparente infarto, que para muchos se trató de cianuro. Esta circunstancia también se llevó a Gelli, otro que fue investigado y a quien le secuestraron documentos secretos de la P2 que incriminaban a todo el aparato político italiano, excepto a los miembros del PCI, claro. Pero Gelli, el dueño de todo el circo, pudo evitar la cárcel e incluso continuó con su actividad en los últimos años de la Guerra Fría, a punto tal que estaría relacionado con un atentado en Bolonia, en 1980, que acabó con la vida de 85 personas, y con el ataque que casi acaba con la vida de Juan Pablo II en 1981. Ambos hechos fueron atribuidos a grupos comunistas y, por el primero de ellos, Gelli fue encarcelado pero luego sería beneficiado con la libertad provisional por sus problemas de salud.
En este extraño y confuso rompecabezas es donde entra Calvi, quien como buen director quedó seriamente implicado en la quiebra del banco, por la que fue detenido el 20 de mayo de 1981, apenas siete días después de que la policía descubriese los documentos secretos en propiedad de Gelli. El hecho de ser un hombre que tenía su base de poder en el puesto que ocupaba, pero que en realidad era sólo el representante de un orden superior (Gelli, la CIA, etcétera), lo convertía en un hombre muy peligroso para sus superiores, pues sabía mucho y estaba en manos de la Justicia. Así fue como un año después de ser condenado y puesto en libertad bajo fianza, Calvi vuela a Londres. Hay sospechas de que busca ayuda en una logia de Londres, a la que decía pertenecer y a la que atribula poderosas influencias financieras. Sea corno fuere, su cadáver fue hallado colgado de un puente londinense, con los bolsillos repletos de piedras.

20 años no es nada

Casi 24 años después del deceso de Calvi y a pocos días de conocerse el fallecimiento de Juan Pablo II, el diario La Reppublica afirmaba: “el ex cajero de la mafia Pippo Calo, el negociante Flavio Carboni y su amiga Manuela Kleinzig así como el jefe de la banda Magliana, Ernesto Diotavelli, han sido enviados a juicio para responder por el asesinato del presidente del Banco Ambrosiano Roberto Calvi”.
Si esta película fuera de ficción y filmada en Hollywood –donde todos los finales son felices- los acusados serían hallados culpables como los autores materiales del hecho, como mafiosos, es decir, el brazo ejecutor de una trama que si no formara parte de la realidad, sería imposible de creer.

Berlusconi, la continuidad

Pero, como todo éxito hoolywoodense, la película de Gelli, Calvi y compañía tiene su continuidad con el ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. En efecto, para todos aquellos despistados que creyeron que la influencia de la P2 acabó con el bueno de Licio, es bueno contarles que Il Cavalieri se inscribió en la logia el 26 de enero de 1978 con el número de carné 1816 y a los pocos años concretó un empinado ascenso como empresario, más tarde devenido en político, gracias a los créditos para sus negocios provenientes de la Banca Nazionale del Lavoro y del Monte dei Paschi di Siena, además de ser un férreo defensor de los principios más ultraconservadores del capitalismo y el catolicismo. Otra vez, los bancos, la Iglesia y el poder.

miércoles, 31 de octubre de 2007

¡La que le espera!


La era Cristina Fernández supone en principio la continuación de la gestión K por cuatro años más, aunque irremediablemente la primera mandataria electa deberá imponer algunos cambios con respecto a su marido.En el plano internacional, ya en la campaña electoral quedaba claro que Cristina transitaría otros senderos que su predecesor. Al menos el largo periplo realizado durante los últimos meses por Estados Unidos (recordemos aquél encuentro con el matrimonio Clinton) y la Unión Europea (sendas reuniones con Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y José Luis Rodríguez Zapatero) supone el fin de aquél lema "la Argentina puede sola" que Néstor Kirchner repitió hasta el cansancio cuando el contexto mundial y la economía local lo permitían. Pero, con un 2008 que no resulta tan prometedor como el quinquenio anterior la presidenta electa deberá afilar su capacidad para tejer alianzas provechosas que le aseguren, al menos, un mandato tranquilo, porque además así lo esperan desde el exterior. Sin embargo, con ello también surgen algunos interrogantes que apuntan hacia una dirección: el Mercosur. En efecto, el tan publicitado paseo por el Viejo Continente y la primera potencia mundial generan incertidumbre sobre los canales por los cuales navegará la mandataria, pues la mera posibilidad de concretar acuerdos por fuera del bloque supone el alejamiento argentino de la integración regional. Si bien ya lo adelantó en algún discurso, cuando se proclamó a favor de la "Patria grande, con el pueblo latinoamericano", Cristina deberá cambiar la magnificencia de Nueva York y las tiendas de París por Brasilia, Caracas, Asunción o Montevi-deo, si es que pretende fortalecer de una vez por todas el Mercosur. O bien acercar a Estados Unidos al bloque, toda una utopía con Hugo Chávez como presidente de Venezuela, incluso si gana la demócrata Hillary Clinton el año que viene. Pero ese es el papel que escogió para su mandato y ese es el mensaje que ha enviado en cada viaje por el exterior que realizó durante la campaña electoral, claramente desplegada con más fuerza fuera del país que fronteras adentro. Incluso, muchos dirigentes así lo esperan, como el senador ítalo argentino Luigi Pallaro, quien afirmó: "Argentina necesita abrirse al mundo, atraer capitales, cerrar los asuntos pendientes derivados del crack del 2001, y salir también, definitivamente, de un cierto aislamiento político: la señora Kirchner es capaz de imprimir una aceleración para salir de esta fase". En fin, si bien uno de sus propósitos será incluir de lleno a la Argentina en el contexto internacional, deberá equilibrar la balanza entre el glamour del primer mundo y la realidad sudamericana.

martes, 30 de octubre de 2007

¡Cuidado! Bebé curioso


Su pequeñez no le permitía comprender el significado del peligro. El niño sólo veía un cable negro que descendía como un tobogán de la pared para terminar en un aparato desconocido, del cual salía una voz extraña.
Siempre le había llamado la atención, pero cada vez que se acercaba a él algún adulto le impedía el paso con rapidez y con los ojos saltados por el temor, advirtiéndole que nunca toque esa cosa negra y extraña que hablaba por sí misma.
Aunque intentaba obedecer a sus mayores, no sabía bien por qué, pero lo hacía, la aventura le cantaba en su oído como las sirenas lo hacen con los marinos solitarios. La seducción era fuerte, porque incluso la ubicación de aquella radio suponía un desafío, ya que había que escalar hasta la mesada de la cocina para llegar a ella.
Y sabemos, la mesada de una cocina para un chico de tres años es acaso la cúspide del Monte Everest para los espíritus aventureros: enigmática, seductora e inalcanzable. Sólo había que esperar el momento oportuno, cuando ningún mayor estuviera cerca.
Y no faltaría mucho, pues en una calurosa tarde de enero papá y mamá se encontraban reposando sobre la pelopincho del patio, junto a sus dos hijos: El niño, nuestro héroe, y su hermanito, que apenas tenía unos meses y reposaba en un cochecito, correctamente ubicado bajo la sombra de una parra de uvas.
Rápidamente, El niño comprendió que era tal vez su única oportunidad para investigar el extraño aparato y se decidió a hacerlo, sin dudarlo ni un segundo.
De a poco, aprovechó ese segundo de distracción fatal que puede tener cualquier padre y se acercó a la cocina. Miró para arriba y dio con la radio, que lo observaba con la altanería de las cosas inalcanzables. Burlona.
Buscó una silla, con sumo esfuerzo la arrimó a la mesada y se trepó en ella. Ya en la cúspide de su imaginario Monte Everest no se detuvo a regodearse por su triunfo, pues esos segundos podrían ser valiosos ya que sus padres en cualquier momento se percatarían de su travesura.
Tomó la radio entre sus manos, que seguía hablando sin cesar, y comenzó a operarla. Primero tocó los botones y las perillas con la curiosidad de un arqueólogo cuando descubre el dinosaurio más grande de la historia. Pero se aburrió rápidamente, porque recordemos que los aparatos de aquél entonces no ofrecían demasiadas alternativas para la investigación. Eran más bien rudimentarios.
Sin embargo, como la luz que ilumina a los genios, vio el pequeño cable que salía de la radio y culminaba su escalada hacia un extraño agujero enclavado en la pared.
Sin más, tomó con firmeza aquella extraña cuerda y la tiró con fuerza, quedándose con uno de los extremos en su mano. El extremo que estaba pegado al aparato, vale destacar.
En su observación, procedió a aplicar el típico método analítico utilizando los cinco sentidos. Primero la miró con detenimiento, luego notó que la voz que salía de la radio se había apagado, posteriormente la tocó para conocer su textura, incluso llegó a olerla. Pero el momento fatídico llegaría cuando fue el turno del gusto. Con la inocencia de un chico de tres años, El niño se metió aquel cable en la boca para averiguar a qué sabía.

Los gritos podrían haber alertado a Beethoven en sus últimos días, cuando era sordo. Se trataba de un chillido indescriptible, seguido por un silencio intenso, para iniciar un nuevo chillido.
Los padres, saltaron de la pelopincho alarmados por el llanto de su hijo, quien afortunadamente había podido sacar el cable de su boca, mas no pudo evitar el daño que la electricidad había hecho en él.
Fueron dos semanas sin probar alimentos con textura además de una considerable penitencia. Sólo a base de leche, postres y puré. La aventura había terminado con una importante lesión en la boca y un aprendizaje: los hilos negros que salen de la pared y culminan su recorrido en algún aparato son peligrosos.
Habrá que investigar otros aspectos de la misteriosa cocina, como ese extraño fluido azul que sale de la hornalla de la cocina.

lunes, 29 de octubre de 2007

Por siempre dependientes


La amenaza turca sobre el Kurdistán iraquí revivió un debate que tiene ya 30 siglos: la independencia kurda. En efecto, este pueblo ha sufrido repetidas invasiones y ha visto cómo los sucesivos levantamientos independentistas fueron aplastados por el poder de turno de cada época. Pese a que fueron conocidos como valientes guerreros, y hasta su propio nombre hace honor a ello (la palabra kurdo significa héroe en persa) su histórica falta de organización les impidió forjar un destino común cuando aún podían hacerlo. Porque, claro, hoy se sabe que el Kurdistán tiene en su suelo las mayores reservas petrolíferas de Medio Oriente, y con ello, su mayor condena, ya que ningún gobierno en su sano juicio aceptará la independencia con la pérdida económica y de territorio que representa. Así reaccionó Turquía a la avanzada independentista llegada del norte iraquí, que podría representar un peligro para la estabilidad de los 14 millones de kurdos que habitan tierras turcas. Ni siquiera la desaprobación estadounidense, acaso su principal aliado, pudo con la convicción de mantener a raya a una numerosa minoría. No dudaron ni un segundo en lanzar ataques aéreos y amenazar con una incursión armada contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que al parecer tiene ahora sus bases asentadas en Irak. Pero aquí es donde la situación se complica, porque la decisión del gobierno turco constituye también un desafío intencional a la Casa Blanca, temerosa de que un ataque en el Kurdistán iraquí erosione las relaciones con su principal aliado dentro del país invadido e impida a sus empresas la extracción de petróleo en el único lugar de Irak en el que pueden hacerlo de manera más o menos pacífica. En consecuencia, Estados Unidos se encuentra en un profundo dilema, porque si las presiones que seguramente aplicará sobre Turquía no son suficientes deberá tomar cartas en el asunto si no quiere perder definitivamente a Irak. Otro motivo de disenso entre turcos y norteamericanos es la proclama tomada por el Congreso en Washington sobre clasificar como genocidio a la matanza de armenios por parte del imperio otomano a comienzos del siglo pasado. Sabemos que pese al paso de los años este tema aún es delicado para Turquía, que se niega a aceptar una responsabilidad mayor sobre aquél hecho que sin ninguna duda se trató de un genocidio.En fin, intereses políticos a un lado, lo cierto es que el Kurdistán no será una nación independiente mientras se encuentre enclavado en la región más volátil de la historia de la humanidad y encierre dentro de sí las innumerables riquezas que posee. Porque, como decíamos al principio, su mayor virtud es acaso su peor desgracia.

jueves, 18 de octubre de 2007

En mil pedazos


Los conflictos internos en un país o región tienen componentes en común que los caracterizan, independientemente del contexto y los pormenores en los cuales se desarrollan. Primero, e indispensable, necesitan de una fuerte enemistad entre la clase en el poder y otra que puja por obtenerlo. Y segundo, el correspondiente azuzamiento externo movido por intereses puntuales. Con estos dos elementos básicos se consigue un buen conflicto interno, que si provoca la caída del poder de turno, normalmente deriva en la división de aquella región o país. Para comprobarlo, basta con mencionar el caso de Yugoslavia, uno de los países más grandes de Europa luego de su creación tras la Segunda Guerra Mundial. En sus primeros años fue el mariscal Tito el encargado de establecer un delicado equilibrio en una región, los balcanes, multiétnica y plurirreligiosa por excelencia. Pero la caída de la Unión Soviética traería nuevos trastornos para Yugoslavia, pues las tensiones regionales y confesionales saldrían a la luz con violencia y respectivos movimientos independentistas, con el correspondiente e infaltable apoyo externo. Tanto que en sólo dos años, Yugoslavia pasó a llamarse Serbia y Montenegro, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina y Macedonia, y 15 años más tarde sería el turno de Montenegro. La gran nación había sido reducida a pequeños estados empobrecidos, pero por sobre todo había fracasado de manera rotunda el sueño de algunos sobre la existencia de un país multiétnico basado en la tolerancia. Jamás ocurrió.Siempre, desde esta columna, condenamos las injerencias externas en países soberanos porque, insistimos, son violatorias de todo derecho internacional, además de que apuntan a debilitar al país en cuestión y no a favorecerlo. Pero también hay que admitir que esa injerencia necesita de un sustento interno que saque provecho de los conflictos para alcanzar el poder. La frase divide y reinarás siempre está en el manual de las potencias que intervienen en terceros para solventar su dominio, mas cuentan con aliados nacidos desde la misma semilla que siempre ponen por encima sus propios intereses a los de la nación y, claro está, obran en ese sentido. En estos días, ya se está discutiendo la independencia de Kosovo para 2008, una provincia serbia poblada de musulmanes albanos, pese a que un acuerdo previo firmado con Serbia en la ONU disponía que Kosovo continuaría formando parte del país pero administrada por Naciones Unidas. Nada importó, el año que viene, seguramente, la antigua Yugoslavia quedará atomizada en siete pequeños países, cuyo factor común será uno solo: la pobreza.
Patricio Ortega

sábado, 13 de octubre de 2007

El señor de los anillos


Posaba sus ojos en el infinito horizonte del atardecer brasileño embelezado con la perfección del paisaje. Sentado sobre la arena fina como la sal, el mar le producía sentimientos encontrados. Estaba solo; la extrañaba, y por fin había entendido que nada sería perfecto sin ella.
Había pasado varios días pensando en cómo expresarle su amor en su regreso a Córdoba. Había pensado demasiado; todos los días, a cada minuto. Pero no lo sabía.
Imaginaba que un simple regalo de ocasión, un regalo de vacaciones, sería poco. Necesitaba que tuviese una connotación que fuese mucho más allá del objeto en sí mismo. Que su carga simbólica representara al menos en una mínima porción aquél amor inexplicable.
Casi regresando, sin haber sacado una conclusión válida sobre su dilema, vio dos pequeños anillos de coco posados sobre la alfombra negra de un puesto callejero. “Es perfecto”, imaginó. Qué mejor que expresar un sentimiento tan excelso como el amor que un par de anillos iguales. Uno para ella, y el otro para él. Qué mejor simbolismo que aquellos dos pequeños objetos, que juntos representaban el futuro entrelazado de dos almas. La de ella y la de él.
Sin vacilarlo, hurgó en sus bolsillos para rascar los últimos reales de sus vacaciones y los invirtió acaso en lo más importante de aquél viaje: ella. El regalo era humilde, sí; pero su significado trascendía cualquier barrera económica.
Lo pensó todo. Incluso el momento en que le daría su declaración de amor más importante, disfrazada de dos pequeños anillos. Conocedor de la psiquis femenina, estaba conciente de que si se los entregaba inmediatamente podía generar sospechas en su amada. Pues sólo quien obró erróneamente puede arrojar un regalo apenas sus pies tocaron suelo propio.
No. Él no caería en ese error. Esperaría, paciente, algunos días para entregar el presente. Uno, dos o diez. Aún no lo sabía. Pero esperaría.

El reencuentro fue mejor de lo que imaginaba. Ella también lo había extrañado, y a montones. Apenas se vieron, se fundieron en un beso tan tierno como profundo. No había palabras para expresar lo que ambos sintieron con aquel beso eterno.
Pasaron algunos días y él actuó según lo previsto. Esperó a que ella reventara de impaciencia y recién después le ofreció el presente a modo de adelanto de lo que pronto llegaría: un altar, él en un elegante traje negro y ella avanzando con la candidez que tienen las futuras esposas.
Pero ese momento todavía no había llegado, sólo reposaba en su mente enamorada. “Son dos anillos. Uno para vos y el otro para mí. Representa todo lo que te amo y, por lo tanto, no quiero que lo pierdas. Yo, lo cuidaré como a mi vida”, dijo.
Quizás fueron horas. Quizás días. Quizás meses. Lo cierto es que ella perdió el presente mientras realizaba un quehacer doméstico. Un lamentable accidente. El presente resbaló de su delicado anular buscando algún resumidero ingrato, que con su garganta del diablo engulló al pequeño anillo para no devolverlo jamás.
Él reaccionó como se esperaba: indignado. Sobreactuado. Hasta llegó a poner en duda el nivel de compromiso de su amada, ante tal flagrante herejía: perdió el anillo que le había entregado con todo su amor. Dejó caer el símbolo de sus sentimientos hacia ella en el pozo de la desgracia, pensaba. Aunque sabía que su enojo no duraría demasiado, le hizo saber con firmeza que no toleraría otra conducta de este tipo. No toleraría que descuide su amor una vez más.

Varios días después, él seguía con su teatro. “Tengo que amedrentarla”, pensaba. Y parte de esa actuación era negarle sus momentos libres y entregárselos a sus amigos en exclusividad.
El primer fin de semana de distanciamiento lo halló en casa de uno de ellos, en medio de una fiesta. Entre su poca resistencia y la necesidad de ahogar penas, el alcohol no necesitó demasiado trabajo para invadir su mente por completo. Apenas podía caminar y ya balbuceaba con la mirada perdida cuando salieron de la fiesta para recalar en un local nocturno.
Le faltaba ella, lo sabía, pero no daría el brazo a torcer. Al menos no por ahora.
La noche pasaba y su estado se tornaba calamitoso, pero en ningún momento dejó de tener un vaso lleno de quitapenas en su mano. Era la única manera de tolerar el dolor intenso que atravesaba su alma con la intensidad de una flecha envenenada. Era la única forma de que su rostro pudiese esbozar un atisbo de sonrisa. Y lo logró, porque fue una noche divertida, aunque no había terminado.
El regreso a su casa lo encontró solo, en medio de la calle, sin dinero y con unas veinte cuadras por caminar. Emprendió el regreso con la valentía de los corazones puros, o la inconciencia de los borrachos. Depende del cristal con que se lo mire.
Lo cierto fue que volvió caminando, pese al peligro que ello supone a esas horas de la noche y con su zigzagueante andar. Por precaución, guardó el reloj en un bolsillo, y su anillo en el otro. Aunque sabía que en dinero no valía demasiado, moriría si a alguien se le ocurriera robárselo.
Casi sin memoria ni fuerzas llegó a su casa. Parecía una víbora arrastrándose por las penas del amor ahogadas en un vaso de alcohol. Por suerte, el sueño llegó rápido. El balanceante equilibrio que arremolinaba su vientre le dio paso al profundo cansancio que sufría entre el dolor de su alma, la caminata y las consecuencias de la embriaguez.
Al día siguiente, despertó con un profundo dolor de cabeza que apenas si le dejaba abrir sus ojos. Se bañó, se vistió y fue a almorzar para quitarse de su boca esa sensación pegajosa que dejan las noches largas.
Tomó el pantalón que había usado la noche anterior. Tomó el reloj de uno de los bolsillos y, luego, el mundo se paralizó como en las películas. Sólo podía escuchar el latido de su corazón y sentir una lágrima rodando por su mejilla izquierda… ¡El anillo había desaparecido!
Volvió a buscar en el bolsillo. Buscó en los otros. Hurgó los bolsillos de todos sus pantalones. Quitó todos los muebles de su habitación. Luego pasó varias horas requisando el resto de la casa. Pero nada. La tierra se había tragado a ese bendito anillo y no había manera de dar con él.

Al rato, tomó el teléfono, agachó la cabeza y, tras contarle lo sucedido, pidió perdón a su amada. Una vez más, había sobredimensionado un conflicto menor. Aunque, quiero decirles a todos, no había aprendido la lección.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Soberanías pisoteadas


A grandes rasgos, la soberanía tiene dos definiciones: soberanía popular y soberanía nacional. La primera surge de Jean Jacques Russeau, quien menciona que cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo, ya que contribuye tanto a crear la autoridad como a formar parte de ella. Según Russeau, el poder soberano está bajo la voluntad general, es decir, las mayorías. Poco después apareció Abate (Emmanuel Joseph) Sieyés, para quien la soberanía está en la nación y no en el pueblo. Es decir, la autoridad no obrará solamente tomando en cuenta la voluntad de la mayoría, sino que además deberá obedecer a la historia, la cultura y los valores de un país. Pero independientemente de las definiciones, la soberanía de un país siempre fue un tema demasiado delicado de comprender y, fundamentalmente, de defender. Por lo tanto, ante la dificultad para establecer pautas claras, y en especial luego de la Segunda Guerra Mundial, los países crearon las Naciones Unidas, constituida como una especie de regente de la soberanía mundial. Así las cosas, en la actualidad, suponemos que la soberanía es un derecho y a la vez una obligación que tiene cada nación que se precie de tal. No sólo tienen el derecho de exigirla, sino la obligación de respetarla, tanto en el plano interno -ante sus ciudadanos- como en el externo -ante terceros países-. Siguiendo esta línea, sólo en casos de excepción puede ponerse en duda la soberanía de un país, una facultad que únicamente tiene la ONU. Hasta aquí, la teoría resulta sin fisuras, pero, como siempre, en la práctica la situación difiere del papel escrito sencillamente porque en muchos casos resulta muy dificultoso determinar cuándo es necesario violar la soberanía de un país y cuándo no hace falta hacerlo. Entonces, por ejemplo, ¿cuándo un país viola la soberanía de otro? Pues cuando interfiere en los asuntos internos de una nación soberana. Pero, siguiendo con este razonamiento, ¿cuándo se da una situación de este tipo? Bueno, aquí aparecen las complicaciones, porque entran a jugar los conceptos que cada uno tiene de soberanía. En otras palabras, la subjetividad.Desde aquí, esta humilde columna, consideramos que el fin de semana, pocas horas antes del referéndum vinculante en Costa Rica sobre la validez del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos o CAFTA, que se desarrolló el domingo, Washington violó la soberanía costarricense al advertir públicamente que si no vencía el Sí habría represalias comerciales contra ese país centroamericano. Y pese a que los sondeos arrojaban una ajustada victoria del No, finalmente los costarricenses aprobaron el tratado apenas por unos votos. Como ya dijimos, los casos en los cuales un país viola la soberanía de otro son muy difíciles de determinar, pues juegan las concepciones particulares que tiene cada persona sobre el tema. Por lo tanto, luego de plasmar una opinión, dejamos que cada lector saque su propia conclusión al respecto.

martes, 2 de octubre de 2007

La expresión correcta


Si estuviésemos en una charla de café, alguno seguramente lo calificaría como a un "enano fascista". Pero, claro, estamos en un diario en cual es preciso explicar ciertos conceptos para que el lector saque sus propias conclusiones sobre un tema en particular, o al menos esa es nuestra intención. Y en ese ejercicio es en donde se dificulta leer cuál es la estrategia de la política exterior del presidente francés, Nicolas Sarkozy.Que pretende implementar medidas de neto corte neoliberal en Francia no es ningún secreto. Es bastante claro si toda su retórica sólo apunta hacia el peligro que supone la invasión inmigrante y los desmanes económicos que causa el Estado de bienestar francés, instalado desde la quinta república. En consecuencia, y aunque no estemos de acuerdo, obra de manera coherente cuando anuncia medidas de flexibilización laboral y el recorte de beneficios sociales, especialmente dirigidos a coartar el poder del sindicalismo. Pero, nos preguntamos, en materia de política internacional, ¿por qué su alianza con George W. Bush?, ¿acaso nadie le recuerda que José María Aznar, Silvio Berlusconi y Tony Blair siguieron al mandatario norteamericano en su política belicista y terminaron virtualmente echados a patadas de sus cargos? Más en estos tiempos, porque, al fin y al cabo, aquellos siguieron a Bush cuando éste gozaba de su máxima popularidad. Pero, ¿hoy, ¿que es poco más que un cadáver político, perdió a sus principales asesores y el respaldo de buena parte de su partido?Resulta cuanto menos extraño que Sarkozy haya decidido aliarse a Bush en esta nueva cruzada contra Irán, cuando el mundo entero tiembla ante la sola posibilidad de una nueva invasión tras los lamentables ejemplos de Afganistán e Irak. También es llamativa su proclama más reciente, de pasar por alto a la ONU para decidir de manera unilateral la imposición de sanciones contra la República Islámica por su programa nuclear, cuando en 2002/03 la Francia de su compañero de partido, Jacques Chirac, fue la abanderada opositora contra la invasión unilateral a Irak, encabezada justamente por Estados Unidos. Pero más extraño resulta que los franceses lo sigan, acaso cegados por el pánico que les produce aquello de la invasión de los inmigrantes africanos y los desmanes económicos que causa el Estado de bienestar francés, cuando poco antes toda la población gritaba a los cuatro vientos que una acción armada contra el país del entonces presidente iraquí Saddam Hussein era tan injusta como ilegal. Hoy, Francia optó exactamente por el camino contrario al recorrido hace apenas cuatro años, aquél que opta por la fuerza antes que la negociación para cumplir con sus objetivos, a la manera de Bush. En fin, no es correcto en un diario decir que Sarkozy tiene a "un enano fascista" dentro suyo… pero que dan ganas, dan ganas.