jueves, 21 de enero de 2010

¡No me atraparás!


La aparición de la gripe A, o gripe porcina, recuperó un viejo postulado médico originado en el genio de un tal Louis Pasteur.
Ya en el siglo XIX, Pasteur revolucionaba la ciencia con un consejo tan básico como fundamental: “lávense las manos muchachos”. Y si bien en los años posteriores los médicos repitieron estas palabras a sus pacientes, no tuvieron tanto éxito hasta la aparición de la gripe A. Recién en 2009 entendimos que hay que estornudar o toser sobre el antebrazo; que hay que llevar encima un potecito de alcohol, y que hay que lavarse las manos setescientacincuentaysietemildoscientasquince veces por día.

martes, 19 de enero de 2010

Osama ben Llamazares










Las fuerzas de seguridad estadounidense protagonizaron recientemente un nuevo escándalo. En este caso, la vergüenza rozó a los agentes del FBI, quienes con la orden de mantener vivo el fantasma de Osama ben Laden distribuyeron una imagen del líder. Con el objeto de realizar una soberbia demostración tecnológica, el buró eligió una foto de Osama tomada en 1998 y calculó el envejecimiento del terrorista, para así ofrecer la posible imagen de Ben Laden en 2010, a los 52 años.

martes, 5 de enero de 2010

Mundo libre y armado


El fallido atentado contra un avión que viajaba hacia Detroit recuperó una pregunta existencial que azota las mentes independientes: ¿qué cuernos es Al Qaeda?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Los múltiples significados de la seguridad jurídica


Las informaciones brindadas por los medios de comunicación tienen sus claves y sus secretos. Uno de ellos es la fuente, es decir, de dónde proviene la noticia, quién la dio a conocer, qué intereses tiene.
Un ejemplo clarificador: una universidad alemana o francesa publica un estudio según el cual el país más seguro de latinoamérica para “hacer negocios” es, por ejemplo, Colombia. Algunos medios colombianos, en especial aquellos que defienden teorías liberales como el librecomercio y la eliminación de los impuestos aduaneros, saltarán de alegría al constatar que su país es excelente para hacer negocios, según una prestigiosa universidad europea.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Disculpe, ¿tiene cambio?


Normalmente, las personas calificamos a los días como buenos o malos. Sin mayores explicaciones lógicas, cuando sufrimos una cadena de hechos indeseados nos conformamos con pensar que el pie izquierdo fue el primero en tocar la tierra para ratificar esa noción de que el mundo está en contra nuestro, una expresión que guarda bien escondida una enorme soberbia, pues el mundo es demasiado grande como para ocuparse especialmente de un pequeño individualismo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Turbiedad Internacional


Muchas veces llegan a nuestros hogares los estudios formulados por prestigiosas organizaciones con el poder de sentenciar o premiar a países de acuerdo a determinados parámetros. Estas respetadas entidades se ufanan de su independencia y seriedad para soltar su brazo ejecutor contra gobiernos, Estados y, por lo tanto, sociedades enteras.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Eran muchos, pero no tantos


La estimación de concurrentes a una protesta siempre fue materia de polémica. Mediante distintos cálculos, más o menos caprichosos, según el caso, el número de personas que asisten a una manifestación varía sustancialmente. La policía dice una cosa, los que están en contra de la marcha otra y los que la organizaron otra diferente.

viernes, 30 de octubre de 2009

Comentaristas de la web, o vengadores anónimos


El comentario de los usuarios es el éxtasis para los medios de comunicación que necesitan de la participación de sus lectores para medir su éxito en esto de formar opinión. A su vez, el usuario, el comentarista compulsivo, el editorialista oculto, tiene en el comentario en los sitios de Internet el mecanismo ideal para expresar todas sus opiniones sin ningún tipo de censura ni miedo al qué dirán: el anonimato.

jueves, 22 de octubre de 2009

De culos y fellatios


Diego Armando Maradona cometió una barbaridad. Una animalada digna de un bestia peludo como él. Es indignante que el director técnico de una de las selecciones más prestigiosas de todo el deporte mundial, ya no el fútbol, actúe de esa manera.

martes, 13 de octubre de 2009

Larga vida a la educación paga


A veces, el ejercicio de comunicar en un medio, cualquiera sea, sitúa a quien escribe o habla en una posición demasiado ventajosa porque las posibilidades de rebatir un argumento son reducidas para quién ejerce como oyente, lector o telespectador.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Mesa redonda, pero para cinco

La comparación histórica ofrece contradicciones difíciles de justificar. Si programas como TVR, que tienen un archivo limitado, certifican aquél postulado de que nadie resiste al archivo, cuando la búsqueda trasciende las décadas o, incluso, los siglos, la paradoja se torna en aberración. Esclavistas que claman libertad, censores en defensa de la libertad de prensa (ejemplo bastante actual, por cierto), asesinos pacifistas, víctimas transformadas súbitamente en victimarios, débiles devenidos a poderosos o poderosos devenidos en débiles. En fin, los ejemplos y los adjetivos serían eternos. Pero más allá de la vacía enumeración, el postulado inicial tiene una vigencia imborrable e ineludible, incluso para una campaña de prensa.
En Nueva York sucedió el caso que explica toda la introducción. El Consejo de Seguridad de la ONU desarrolló una histórica reunión de presidentes y jefes de Estado. Los mandatarios de los 15 integrantes del máximo organismo ejecutivo de la ONU se reunían en una sala para decir verdades.
Para desburrar un poco, vale la pena explicar que el Consejo de Seguridad es un ente, dentro de Naciones Unidas (ONU) que se encarga de los temas más delicados. Si fuese un sistema de gobierno presidencialista, la Asamblea General sería el Parlamento, a cargo de las cuestiones de fondo y estructurales, y el Consejo el Poder Ejecutivo, llamado a resolver lo urgente, lo que no da tiempo a debate. A modo de ejemplo, la Asamblea nos dice que el bloqueo a Cuba es incorrecto, y el Consejo ordena el envío de tropas a África o le da permiso a Estados Unidos para invadir Afganistán.
Sin embargo, es preciso aclarar, el sistema presidencialista de la ONU funciona defectuosamente. O, mejor, desastrosamente. En principio, por su génesis: en el Consejo hay 15 miembros. Diez de ellos lo integran por un lapso determinado y luego son reemplazados por otro países. Y los otros cinco son miembros permanentes que, entre otras potestades, tienen el derecho de vetar cualquier resolución que adopte el Consejo. Así Estados Unidos anuló sistemáticamente todas las sanciones a Israel, o Rusia demoró las penas contra Irán. Además de los dos mencionados, China, el Reino Unido y Francia son los restantes mosqueteros en esta particular mesa redonda.
Otra de las potestades de los miembros permanentes es el derecho a poseer armas nucleares. Es decir, el derecho legal a poseer armas nucleares. El resto, como India, Pakistán y, se sabe pero no hay pruebas concluyentes, Israel, tienen armas atómicas pero en una especie de limbo legal.
Realizada la rápida y seguramente incompleta explicación, volvemos a lo que nos trae. Decíamos que en un hito histórico, los jefes de Estado de los países que integran el Consejo se reunieron para decir sus verdades y sacarse la foto. Entre esas verdades, y gracias al magnético líder estadounidense Barack Obama, suscribieron un compromiso de reducir los arsenales nucleares.
La medida implica una observación severa a Irán, hoy por hoy uno de los países más malos de esta película porque posee un programa nuclear de dudosa finalidad. Algunos creen que es para tener energía alternativa y otros porque son tan, pero tan malos que quieren construir su propia bomba atómica.
Lo curioso del caso es que dentro de ese Consejo que votó un compromiso tan emblemático se encuentran los únicos cinco países que legalmente poseen armas nucleares. Y entre esos cinco está el que inventó la bomba atómica y el único que la usó, y dos veces, Estados Unidos.
Entonces, la proclama de “liberar al mundo de armas nucleares” debería controlar especialmente a los países que la hicieron posible, Francia, Estados Unidos, el Reino Unido, Rusia y China.
Para establecer una comparación, es como si la Argentina le pidiese a todos los países del mundo que borren el solcito de su bandera, cayendo en la cuenta que quizá la única que tiene una bandera con solcito es la Argentina.
Toda una curiosidad. O, más bien, una aberración, que si nos agarra con las defensas bajas capaz que vamos al Patio Olmos para aplaudirla.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Arbolitos


La calle Rivadavia, entre 25 de Mayo y Rosario de Santa Fe, pertenece a lo que los cordobeses conocemos como “la City”, un concepto robado del norte que significaría algo así como el pulmón financiero de una ciudad. O, en criollo, la zona en donde están la mayoría de los bancos y los prestamistas (o financistas, para mencionar el nombre técnico).
El Caminante transita, con sus pies como tracción, a diario por esta zona que pinta un paisaje contradictorio con sus hombres de negro, trajeados ellos, y los linyeras que escogen las cómodas galerías de los bancos para pasar sus noches.
Pero esta zona también ofrece una de las situaciones más curiosas de la ciudad; uno de los secretos peores guardados y más singulares: los arbolitos.
Los arbolitos nacieron en épocas de bicicleta financiera y dólar escaso. Lisa y llanamente,vendían la panacea verde en el mercado negro explotando el enamoramiento argentino por la moneda norteamericana. De hecho, el color del dinero basta para explicar su nombre. Un tipo que estaba siempre parado en el mismo lugar y vendía dólares, no podía llamarse de otra forma que arbolito.
Estos particulares y pintorescos personajes también supieron superar las adversidades gracias a la aparición de unos papelitos que dábamos en llamar bonos Lecor o Lecop, depende la época y el gobernador. Los pagarés que entregó el gobierno provincial sirvieron para darle aire a los arbolitos, castigados en esa época de uno a uno y de crisis terminal.
Pero sobrevivieron, estoicos y aún hoy sobreviven con mayor fuerza quizá.
Uno los puede ver paraditos enfrente de una galería. En el lugar de siempre, un lugar que todos sabemos en donde está, diciendo en voz baja su grito de guerra: “cambio, cambio”. En voz tan baja, que el Caminante casi cree que nadie sabía de ellos, de su presencia, del secreto peor guardado de la ciudad.

sábado, 22 de agosto de 2009

Chile, el flaco más inteligente

Años después de fortalecer en diversos ámbitos su revolucionaria teoría de la geopolítica humana con los ensayos de la Argentina y Estados Unidos, el genial y tenaz profesor británico John Hardsword se animó a publicar su primer libro, bautizado con el nada original nombre de Teoría de la Geopolítica Humana.
Siempre con sus analogías humanas, fue capaz de caracterizar a la perfección a 75 naciones independientes y de obtener un merecido reconocimiento entre los pares de su último hogar: el hospital neuropsiquiátrico doctor León Morra.
La publicación contaba con algunas perlas de la geografía moderna como la descripción de Chile, que pasamos a detallar a continuación en las palabras del valeroso profesor Hardsword:
“Chile tuvo un nacimiento complejo. Podríamos decir que nació de casualidad y que todavía no tiene bien en claro quién fue su padre, sin San Martín o el general O'Higgins, o los dos al mismo tiempo.
Tampoco tuvo una adolescencia feliz. Era demasiado flaco y demasiado petiso como para seducir a cualquiera. Encima, para peor, tenía a semejante espécimen a su lado, la Argentina, una rubia preciosa pero bastante estúpida que lo tenía todo pero no sabía que hacer con tantos atributos.
Chile no. Chile era inteligente y había aprendido a sobrevivir con lo poco que la naturaleza le había dado pero no se contentaba con ello. Ambicionaba más porque creía merecerlo. Por lo menos por inteligente.
Con el correr del tiempo, sus avances fueron trascendentes. Primero, hacia finales del Siglo XIX, se sometió a un tratamiento especial de crecimiento llamado Guerra del Pacífico que le permitió estirarse unos centímetros. Varios centímetros. Sus vecinos, Perú y especialmente Bolivia, jamás lo perdonarán, pero a Chile no le importaba. Estaba demasiado ocupado mirándose el ombligo y tratando de crecer aún más.
Ya era alto, tan alto como la Argentina, pero quería engordar. Necesitaba más espacio porque tenía la sensación de que en cualquier momento se caería al mar.
Miraba el culo de la Argentina con deseo y en varias ocasiones planeó quedarse con él, mas nunca lo logró. Se alió con el gordo más poderoso de la aldea, Estados Unidos, y con la vieja Inglaterra, y logró progresar en su primera adultez. Fue alabado por sus empleadores y hasta se creyó la verdadera perla del Pacífico. Tuvo algunos problemas, pero los arregló sin muchos contratiempos de un golpe, un golpe de Estado.
Hoy, es alabado por sus patrones, quienes lo consideran un empleado ejemplar. Mira a sus vecinos con un relativo desdén, pero no superior al desdén con que el resto de los países sudamericanos lo miran a él. Admitámoslo, no es exactamente popular entre sus pares, pero así y todo logra sobrevivir. En definitiva, es el mejor alumno de la clase, aunque tal calificación no necesariamente sea un buen augurio, y se frota las manos y se relame porque sabe que, alguna vez, tendrá en sus manos el precioso culo de su vecina”.

viernes, 14 de agosto de 2009

Los extraños caminos de la felicidad

Un joven lleva la comida de un bar en una bolsa plástica quién sabe a dónde. Tiene un gorro similar al que usan los cocineros pero de color negro y un delantal haciendo juego con el logo del restaurante para el que trabaja en el extremo izquierdo.
Es alto, desgarbado y decidido, al menos en su andar.
El Caminante lo observa detenidamente porque algo le llama la atención, aunque a primera vista parece un tipo bastante corriente. Quizás ese joven desgarbado esté pensando en lo que le gustaría ser. Quizás entregar comidas rápidas en una zona comercial es lo que le gustaría ser. Quizá sea un tipo que oculta su tristeza bajo una actitud positiva; de esos vendedores de sí mismos que se muestran como leones pero no son más que corderos. Quizás en realidad esté pensando cómo llegar a fin de mes; cómo progresar en la vida; cómo solucionar sus problemas existenciales; su presente; su pasado.
O quizá no esté pensando en nada.
Pero ahí va el hombre, seguro de sí mismo y con una sonrisa dibujada en la cara.
El Caminante, impávido ante la particular postal con el museo Sobremonte de fondo, examina a su personaje con minuciosidad cuando por fin detecta la razón por la cual ese flaco desgarbado, con un gorro tipo cocinero color negro y un delantal haciendo juego le llamaba tanto la atención: avanza con un manos libres cuyo cable conduce a un teléfono celular que debe costar, por lo menos, dos sueldos de un repartidor de comida.
Quizás un teléfono celular compre la felicidad.

viernes, 7 de agosto de 2009

Esclavos del camioncito

El joven espera ansioso la promesa. Le juraron, le perjuraron que esa mañana se cumpliría por fin su deseo consumista; el afán por tener algo nuevo; la esperanza de un sueño mejor.
Esa mañana, habían dicho, le llevarían el somier que compró con tanto esfuerzo. Había empeñado sus próximos nueve meses. Había explotado su atiborrada tarjeta de crédito para cumplir su sueño: dormir como la gente.
Pero los minutos pasaban y no recibía su regalo. El timbre, preludio del momento esperado, sonar cristalino de la dulce espera, siquiera amagaba con emitir su particular silbido.
La mañana se hacía mediodía y el mediodía se hacía tarde en apenas un segundo. Y el camioncito con los hombres de mameluco y su somier no asomaban en el horizonte.
El llamado se hacía lamento, súplica, rabia, dolor, pero la impasible telefonista repetía una y otra vez ante el joven desesperado: “disculpe las molestias, pero tuvimos un pequeño problema con los envíos. Pasaremos mañana”.
Y el joven, desesperado, volvía en sí para rearmar su humilde camastro. Su sufrido colchón con esas sábanas amarillentas que pedían un descanso a gritos. Debía dormir una vez más allí. En ese catre desvencijado que fielmente lo había acompañado desde la niñez. El destino lo decidió: la permanencia de una compañera eterna sobre la sorpresa de lo nuevo.
El joven, aturdido y abrumado, debía esperar como esperó el cable, la heladera, el Internet, la cocina. Como esperó cada compra descubriendo que no todo se terminaba con la firma del cupón de la tarjeta. Eso, la decisión, era apenas el comienzo.
El somier llegaría uno o dos días después. Y el joven, estoico y ya con dolores de columna, esperó paciente; con la certeza de que en el mundo en que vivimos no somos más que consumidores esclavizados por los envíos.