
A veces, el ejercicio de comunicar en un medio, cualquiera sea, sitúa a quien escribe o habla en una posición demasiado ventajosa porque las posibilidades de rebatir un argumento son reducidas para quién ejerce como oyente, lector o telespectador.
César dijo: no me digas que la pelota pasó a un metro del palo, porque lo estoy viendo... ¡son cronistas de lo obvio estos tipos!




Un joven lleva la comida de un bar en una bolsa plástica quién sabe a dónde. Tiene un gorro similar al que usan los cocineros pero de color negro y un delantal haciendo juego con el logo del restaurante para el que trabaja en el extremo izquierdo.
El joven espera ansioso la promesa. Le juraron, le perjuraron que esa mañana se cumpliría por fin su deseo consumista; el afán por tener algo nuevo; la esperanza de un sueño mejor.
El amplio comedor ofrecía un curioso escenario minimalista. Paredes blancas, apenas con unos cuadros; una pequeña cómoda utilizada seguramente para guardar la vajilla de lujo y la mesa, con sólo cuatro sillas, bien emplazada en el centro. En ella, Carlos, Jorge, Carla y Marcela, compartiendo una amena tertulia en un sábado cualquiera del barrio Juniors.
El Caminante es un personaje extraño. Recorre las calles en silencio y en soledad, y sólo se dedica a observar la realidad de una tórrida ciudad repleta de detalles imperceptibles para el peatón desprevenido.
El grupo californiano Marijuana Policy Project propuso una fórmula infalible para solucionar el déficit crónico de California: legalizar la marihuana.
A veces las mujeres se quejan, con razón, del machismo imperante en el mundo. Estudios reconocidos y serios confirman esta teoría, por ejemplo en relación a las posibilidades laborales. Está comprobado que las mujeres ganan menos dinero que los hombres y que, todavía, no tienen acceso a los puestos más importantes de las compañías pese a estar calificadas para ello.
Los comercios muestran imágenes tan maravillosas como contradictorias. Sólo basta observar con detenimiento y estar bien, pero bien al pedo, lo admito.
El sector para fumadores de Mc’Donalds en Lima es más humilde que el de Sturbucks, que se ubica apenas a unos metros. Sólo cuatro mesas echadas a su suerte en la intemperie y cada una de ellas abrigadas sólo por una sombrilla.