jueves, 16 de octubre de 2008

Sacrificio

Paco se paró sobre la punta de la mesa y observó lentamente a cada uno de los comensales. Prácticamente todos sus seres queridos estaban sentados delante suyo en esa habitación larga y rectangular, adornada sólo con algunas fotos de Pablito, su hijo, en las blancas paredes.

Los observó con melancolía; sabía que le quedaban apenas unos minutos por delante y debía explicarles el motivo de esa reunión. Los había invitado con insistencia pero ocultando las verdaderas razones. Y como si todos supiesen algún secreto, no había un clima festivo en ese comedor. Parecía una especie de funeral, en el cual los reencuentros y las anécdotas coinciden cruelmente con el dolor que los trajo.

Él sólo se quedó mirando hasta que sus invitados finalmente le prestaron atención. Con paciencia, esperó a que se generara un absoluto silencio y recién después habló:

-Amigos, como todos saben, mi hijo se está debatiendo entre la vida y la muerte- señaló con un dolor que le atravesaba la garganta. Mas necesitaba firmeza porque era el momento más importante de su vida.

-Los médicos dijeron que necesita urgente un transplante–prosiguió-, pero no hallamos donantes. Sólo Dios y mi esposa saben lo que estoy sufriendo por su vida. Es apenas un adolescente y confío en que tiene un futuro brillante por delante. Brillante en el sentido de que puede transformarse en un hombre de bien. Sé que va a transformarse en un hombre de bien.

Paco debió dejar de hablar abruptamente porque las lágrimas le surcaban los ojos como el río destroza la piedra. Bebió un sorbo de agua y prosiguió:

-Ese es el motivo por el cual los he invitado a todos. He llegado a la encrucijada de mi vida y debo tomar una decisión urgente. Siempre dije que daría la vida por mi hijo, y ha llegado el momento, pues mis palabras jamás fueron metafóricas, sino más bien literales. Les digo a ustedes, los que me quieren, que estoy dispuesto a dar la vida por mi hijo. Y así lo haré. La ambulancia debe estar por llegar, pues la llamé hace algunos minutos. No se preocupen por nada. Los amo a todos y les agradezco por acompañarme durante todos estos años. Hicieron que mi vida fuese maravillosa. Les agradezco, sinceramente, desde lo más profundo de mi corazón.

La gente estaba muda. No terminaba de entender las palabras de Paco. De hecho, ninguno atinó a reaccionar cuando el hombre sacó un arma de su cintura y apuntó directamente a su boca.

El ruido enmudeció a todos. Nadie lloró, no hubo gritos ni desesperación. Se quedaban sentados viendo cómo el pesado cuerpo de Paco se desplomaba al suelo y la bala se llevaba parte de su humanidad hacia la pared.

A los pocos segundos, como si se tratase de una obra ensayada, llegó la ambulancia con el médico que atendía a Pablito. El doctor Fernández entró rápidamente a la casa acompañado de dos enfermeros y una camilla. Entre los tres, levantaron el cuerpo de Paco y, sin explicaciones, se lo llevaron al hospital inmediatamente. El doctor Fernández lloraba, pero no podía hablar. Sólo atinó a hacer su trabajo.

A la mañana siguiente Pablito recibió el transplante que tanto necesitaba y vivió hasta llegar a viejo.

Una vida por otra; ese es el equilibrio que mantiene en paz al universo.

 

jueves, 25 de septiembre de 2008

La ingrata que se fue

La mesa se hace eterna ante mis ojos. El café posa tranquilo en la inmensidad blanca y su vapor envuelve mis sentidos con placer. Un placer minúsculo en el doloroso vacío que me invade. El cigarrillo se consume ante pitadas inconstantes pero profusas. La gente habla, grita y gesticula en silencio a mí alrededor. Mis pensamientos son como espinas que lastiman cada nervio de mi cuerpo. No puedo borrar de mi mente su espalda y su andar lejano. No logro evitar esta especie de suicidio del alma en medio de la multitud. El mundo sigue, la gente continúa con sus vidas como si nada hubiese pasado. Como si mi dolor se perdiera entre los gritos mudos de la gran ciudad. Un hombre acompaña a sus hijos; una mujer camina apurada; un anciano se sienta a descansar en la plaza y las palomas comen del pan que les tira una viejita con ojos dulces.
Y yo, ni siquiera puedo llorar.
Y ella, la turra, la causante del dolor que destrozará al mundo, se fue con el sodero. ¡Con el sodero!

lunes, 22 de septiembre de 2008

Ahorran en la carcel

El ascetismo secular domina actualmente a la mayoría de los pobladores del mundo occidental. Así como antaño la obediencia absoluta se producía a un Dios determinado, hoy el ser humano se subyuga al materialismo y a la competencia que demandan el mundo actual para tener una vida más o menos como la gente. Como si se tratase de una larga carrera para tener más y mejor, la nueva fórmula de la vida feliz.
Sin embargo, hay tipos que del ascetismo secular hacen un culto ya medio exagerado y hasta se los podría catalogar de estúpidos, más que de ascetas. Magdalena Czerwinska fue sentenciada a 15 días de prisión en Alemania por un hurto menor. Se había afanado un shot de un kiosco, o algo así. La condena era evitable siempre y cuando se pagase una fianza, pero María en ese momento no llevaba dinero encima. Entonces, llamó a Max Schuster, su novio, para que le diera una mano.
Pero Schuster, el hombre de sus sueños, el amor de su vida, la persona elegida para compartir el resto de sus días, dijo que no, que prefería guardarse el dinero. Un vocero de la policía comentó al respecto: " La gente está muy preocupada por el clima financiero y hace lo que sea para no tocar sus ahorros".
Evidentemente para el bueno de Max la expresión “lo que sea” es literal. Por las dudas, si alguien lo conoce, no le presten plata y, por favor, si él los invita a cenar elijan ustedes el restaurante, andá a saber a dónde te lleva para ahorra guita.

jueves, 28 de agosto de 2008

Prisionero del Cáucaso

La realidad ofrece paradojas inconcebibles. Siempre lo hizo, sólo que ahora, tecnología mediante, la fortaleza del archivo manda al frente hasta al más pintado. Todo, absolutamente todo en la vida pública está archivado de una forma u otra. Creo que, por tal motivo, el mundo en realidad está dominado por los bibliotecólogos, quienes seguramente, en secreto, se regocijan en las mieles de su triunfo.

Pero lo que aquí me trae no es una discusión filosófica sobre el poder de la biblioteca –virtual- sino más bien sus bondades. Porque gracias a ella, con sólo enviar una pequeña orden uno puede desentrañar las conspiraciones más siniestras o las estupideces más creíbles.

En 2003, cuando la exitosa invasión a Irak ya era un hecho consumado, los cráneos de Washington se desvelaban por hallar un argumento válido –pero no sincero- que les permitiese justificar el saqueo del petróleo. Y lo hallaron en la democracia. Saddam era un dictador joputa y Estados Unidos, con sus barras y sus estrellas, llevaba la democracia en pinta a esos árabes brutos. Brutísimos. George W. Bush, el presidente, había cambiado el discurso sobre los peligros de las armas de destrucción masiva iraquíes por la exportación de un modelo democrático, justo y hasta meritocrático, en palabras de Thomas Friedman. Cinco años y un millón de civiles muertos después, la oratoria democrática aún halla sustento en el ala facha norteamericana. Un ala bastante grande por cierto.

Hace unos 15 días, el gobierno prooccidental de Georgia, convencido de que el apoyo de Estados Unidos era absoluto, atacó a sus dos regiones separatistas prorrusas: Osetia del Sur y Abjasia. ¡Pobres ingenuos! La reacción de los rusos, que son más malos que el colesterol malo, fue devastadora: en cinco días de guerra destrozaron la humilde ambición imperialista de los georgianos. Y no contentos con eso, avanzaron hacia Tbilisi (¡no Tiflis!) y Gori. Casi nada.

Desde Occidente, que a los rusos les tienen un miedo bárbaro, lanzaron una ofensiva diplomática para parar la bronca, pero Moscú ya había cumplido con su cometido al azuzar los deseos independentistas de osetios y abjasios. Punto para Rusia.

Mientras tanto, el vaquero texano continuaba con su defensa de la democracia: "el mundo ha observado con gran preocupación cómo Rusia ha invadido un Estado vecino soberano y amenazado un gobierno democráticamente elegido", una acción que es "completamente inaceptable para naciones libres". En palabras del propio Jorgito, invadir Irak es una acción democrática, aunque los iraquíes jamás les pidieron semejante acción filantrópica, pero defenderse de los georgianos es un acto antidemocrático.

Una perla más en el particular diccionario de los halcones de la Casa Blanca.

viernes, 8 de agosto de 2008

Inodoro trasero

El prestigioso profesor de geografía John Hardsword desarrolló una teoría infalible para analizar los problemas geopolíticos mundiales. En base a su genialidad, Hardsword logró nada menos que la sistematización del análisis político mediante un sencillo esquema: humanizar la estructura geográfica de un país.
Su mejor trabajo fue el de Estados Unidos y su conflictiva relación con América latina. Cansado de las verdades lanzadas por los abogados del país del norte en la empobrecida región, quienes disfrazados de analistas, economistas, políticos, consultores o periodistas defienden con sangre los conceptos emanados desde la parte de arriba del mapa, Hardsword dedicó su análisis en la morfología estadounidense y en su situación geométrica con latinoamérica, de acuerdo al mapa que todos conocemos; con el norte arriba y el sur abajo.
“Si Estados Unidos fuese una persona –explicaba el profesor en su clase de barrio Yapeyú- estaría sentada con la mirada perdida en el este. Los estados de Maine y Nueva York representarían un abultado jopo y Pennsylvania sus ojos. Sería una especie de Pacman con sus piernitas, muy cortitas, en Florida. El trasero es Texas y esa puntita que puede observarse salir del estado otrora mexicano, es un flor de sorete”, afirmaba.
“Debajo suyo sufre México y, como en cadena, el resto de los países latinoamericanos. Si, decíamos, Estados Unidos es una especie de Pacman con las patitas colgando, América latina pues entonces es el inodoro, y la puntita de Texas la caca”.
Según Hardsword, si atendemos esta extraña metáfora entenderemos que Estados Unidos jamás le dio importancia a su patio trasero –tal como le dicen a latinoamérica-, sino que su mira estuvo puesta hacia el Este. Europa, Rusia, Corea, Japón, China y Medio Oriente. África está demasiado debajo de la línea imaginaria que trazaría la mirada norteamericana. Y Canadá, demasiado arriba.
“América latina, entonces, está lejos de ser un patio trasero, sino más bien representa un inodoro. Recibe los desechos estadounidenses y cuando no se comporta como desea, es decir, cuando pretende no recibir la caca, pues la destapa a pura sopapa nomás”, solía cerrar el profesor.
Perfecta metáfora la de Hardsword. Tan perfecta como triste.

martes, 15 de julio de 2008

Cambalache

La Argentina se define usualmente por paradojas incomprensibles. El movimiento radical liderado por Hipólito Irigoyen, derrocado por un golpe militar en 1930, halló continuidad en el peronismo, que a su vez fue derribado por, entre otros, ¡los radicales!, pero 25 años después. Montoneros pensó que Perón se haría de izquierda. Urquiza trabajó para Buenos Aires. Y más, muchos ejemplos más que me llevarían una vida enumerar.
Contradictorio en sí misma, en su propia génesis, el conflicto reciente entre el campo y el gobierno nacional desnudó como nunca el “ser argentino”. Si no, basta con observar los actos de hoy, fundamentalmente el organizado por las cuatro entidades agrarias, y Cargill, y Monsanto, y un nuevo etcétera. No, no estoy a favor del Gobierno, pero apoyar a estos tipos… ¡vamos!
Más allá de mi opinión, el multitudinario acto realizado en la plaza de los Españoles dejó perlitas imperdibles. Por ejemplo, la presencia de Elisa Carrió, otrora dirigente de centroizquierda, vitoreando a la Sociedad Rural. O el propio Castells, líder pretenciosamente independiente del movimiento piquetero. El mismo que se puso a vender churros en Recoleta, hoy se paró al lado de las viejas paquetas que lo degradaban aquella tarde. Ni qué hablar de Chiche Duhalde, cuyo marido inventó el monstruo Kirchner, o De la Sota, ferviente seguidor de la ola K cuando era gobernador. Es decir, cuando necesitaba la plata. La lista sigue eternamente, porque lo observado en la plaza de los Españoles fue un cambalache digno del tango de Discépolo.
Sin embargo, la imagen de arriba revela a la Argentina en todo su esplendor. Creo que pocas veces se observaron figuras tan opuestas en su propia génesis como las que se ve en la foto, juntas. Porque delante de las banderitas, entre los patriotas de Barrio Norte y Miguens, líder de la Sociedad Rural, acaso la expresión máxima del oligarquismo en el país, se hallaban numerosas banderas rojas.
¿Quiénes eran?, nos preguntábamos en el diario porque el color rojo llama la atención en una movilización a favor del capitalismo más puro. “No me digas que… ¡sí!, son los del MST!” gritó alguno incrédulo. Y sí, eran del MST. El Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), que propone en su página “una nueva izquierda” llevó a sus fieles seguidores al acto a favor del campo. Estoicas, flameantes y bien rojas, las banderas del partido socialista ondeaban orgullosas entre las viejas paquetas, De la Sota, Chiche Duhalde, Castells, De Angeli y Miguens, entre otros personajes del neoliberalismo.
Entonces, ¿esa es la nueva izquierda? No gracias.
¡Después preguntan por qué uno es escéptico!

jueves, 10 de julio de 2008

Billetera mata eje del mal

La ideología, las grandes proclamaciones, los firmes propósitos, la decisión incorrupta, tiene un precio. Especialmente cuando el que la grita a los cuatro vientos se encuentra en un sitio de poder. Por ejemplo, en el gobierno de Estados Unidos.
Hoy, con Cuba reducida, Irak destruido y Corea del Norte en silencio, la Casa Blanca se debate con dos tipos de enemigos: los estratégicos, que suponen un peligro para la subsistencia norteamericana, y los de hecho, aquellos que sirven para justificar atrocidades. Entre los primeros, China y Rusia son acaso los dos principales. Ambas potencias son las principales amenazas (con India, en menor medida) para desbarrancar al imperio. Entre los segundos, Venezuela e Irán se llevan el primer premio. Uno, el asiático, en el eje del mal. El otro, el sudamericano, indicado como el virus que amenaza con infectar a toda la región.
Sin embargo, a la hora de negociar, todos los gatos son pardos.
Se sabe que Venezuela le vende petróleo a Estados Unidos, y por eso todas las amenazas proferidas por Chávez encuentran apenas una respuesta dialéctica. Ahora, si Caracas intentara dejar de exportar crudo a la potencia del norte para enviarla, no sé, a la India, te quiero ver. La cosa cambiaría, definitivamente.
Este caso es conocido, pero lo curioso surgió de Irán, el enemigo público número uno (incluso por encima del bolivariano) y miembro excluyente del eje del mal de George W. Bush. Irán es antidemocrático. Irán pretende construir armas de destrucción masiva. Irán niega el holocausto judío. Irán es gobernado por una banda de fanáticos que pretenden la desaparición de Occidente y, en consecuencia, odian el american way of life. Irán es islámico, con todo lo que esa palabra implica en la actualidad para los norteamericanos. Sin embargo, Irán es rico. Entonces, lo odiamos, intentaremos atacarlo, invadirlo, destruirlo, pero haremos negocios. No es personal, son negocios, diría el Padrino antes de meterte una 45 por el ojete.
Más allá de las citas cinéfilas, lo cierto es que las exportaciones al maléfico país persa aumentaron considerablemente desde que Bush está en la presidencia. Estados Unidos envió a Irán 546 millones de dólares en productos desde 2001 hasta el año pasado, según afirman cifras reveladas por el propio gobierno. El año pasado exportó alrededor de 146 millones de dólares en productos, en comparación con los 8.300.000 de 2001, el primer año de Bush en el cargo. Incluso ajustando el monto con el índice de inflación, la cifra aumentó más de diez veces.
Los puristas señalarán que una cosa no tiene que ver con la otra. Es decir, el comercio con Irán seguirá existiendo, pese a que Estados Unidos promueve mundialmente la imposición de sanciones comerciales a la República Islámica. “Que nadie le venda a Irán, excepto nosotros”, reza el nuevo lema estadounidense.

sábado, 28 de junio de 2008

Imprudencia vs. distracción

A veces, los estudios destruyen mitos o afirmaciones colectivas que para la sociedad son ciertas aunque no medien estadísticas para confirmarlo. La siguiente afirmación: “las mujeres manejan mal” fue brutalmente refutada por el Centro de Experimentación de Seguridad Vial (Cesvi), seguramente manejado por minas.
Pero más allá de los juicios sexistas que pueda uno realizar, lo cierto es que tras un minucioso relevamiento de 5.000 casos, el Cesvi llegó a la conclusión de que los hombres manejan peor que las mujeres. Es decir, en el 96 por ciento de los choques violentos hay varones al volante. Realizado por peritos criminalísticos y especialistas en vialidad, el análisis concluyó que a pesar de que las mujeres demuestran menores destrezas al volante (según surge de la observación en los cursos de manejo que realiza la entidad), su conducta más respetuosa de las normas de tránsito y menos temeraria en las maniobras de alto riesgo redunda "en un notable beneficio para la seguridad vial y en una baja ostensible de su participación en accidentes graves de tránsito".
En resumen, las mujeres son más propensas a chocar su vehículo tratando de estacionar o guardándolo en el garage, pero rara vez a cienmil por hora en una ruta argentina. Esta última característica es potestad de los hombres, quienes a su vez tienden a no respetar las reglas. Del estudio se puede inferir, entonces, que los hombres chocan por imprudentes, o bestias (en el sentido peyorativo de la palabra y no para compararlos con los pobres animalitos), y las mujeres por distraídas, o boludas.
Esta última afirmación no es menor, pues nos ayuda a deslumbrar una verdad oculta en la historia de la humanidad: la bestialidad es más peligrosa que la boludez.

miércoles, 18 de junio de 2008

Si todos hablan del campo...


Cada uno tiene su fórmula para referirse a los conflictos sociales, políticos o económicos. La mía, consiste básicamente en analizar el discurso de las partes involucradas y luego confrontarlas con la realidad. Es un mecanismo bastante sencillo, que tiende a simplificar el análisis de modo de hacerlo más comprensible para mis humildes neuronas.
Así, llegué a una conclusión reveladora: en la Argentina, el campo y el Gobierno mienten. Sí, aunque parezca increíble, ambas partes no dicen la verdad y, lo que es peor aún, pretenden transformar una puja de intereses del más alto nivel en una cuestión nacional, que nos incluye a todos. En ese macabro intento, plantean la cosa como una dicotomía: estás conmigo, o con ellos. No hay alternativa.
Pero a través de un humilde estudio discursivo es fácil darse cuenta de que estamos ante dos grupos históricamente antagónicos e históricamente poderosos, que poco tienen que ver con nosotros. Veamos.
Desde el primer día del conflicto, el Gobierno utilizó repetidamente la palabra redistribución. En efecto, las retenciones aumentaban para evitar la concentración de riqueza. El Gobierno funcionaría como una especie de Robin Hood moderno que les quita a los ricos para darle a los pobres. Lástima que la realidad indica lo contrario: la acumulación de riqueza es peor hoy, en la Argentina del renacimiento, que en 1998, en el país del retroceso. El fenómeno se disimuló por el efecto “ola”, según el cual si un país o región crece, todos sus estamentos sociales crecerán por decantación, aunque no en la misma proporción, claro está.
En cuanto al campo –palabra odiosa porque no define bien a los grupos que lideran la protesta. Poco tienen que ver Grobocopatel con el Mocase, pero elegí utilizarla porque así se reconoce al grupo sojero-, la falsedad discursiva consiste en una palabra clave: federalismo. Es la acepción más utilizada, seguida de “refundación nacional”. En resumen, nos quieren hacer creer que toda la movilización responde al deseo de hacer un país más justo, con un mayor protagonismo de las provincias. Como si se tratase de la vieja pelea de unitarios contra federales.
Es cierto que aún en nuestros días las diferencias entre el gobierno central y las provincias son aberrantes. Basta sólo con analizar los controles de precios y los subsidios para el transporte. En pocas ocasiones salen de la General Paz. Sin embargo, también es preciso recordar que los grandes grupos sojeros no son precisamente los llamados a tomar la bandera del federalismo. En los hechos, todas las reuniones entre la mesa de enlace (que representa a las cuatro entidades agrarias) y el Gobierno fracasaron porque los funcionarios rechazaron tratar el tema de las retenciones. Es decir, aceptaban negociar toda la problemática del campo, salvo la reducción del impuesto aduanero que desató la tormenta.
En base a esta circunstancia es sencillo detectar la falsedad del autodenominado campo: ni los pequeños productores, ni la situación de los tamberos, ni el dinero para las provincias, mucho menos discusiones como el peligro del monocultivo, el daño ecológico por la deforestación o el abuso contra los campesinos. No. El quid de la cuestión para el campo pasa por las retenciones. En otras palabras, por el dinero de las retenciones, una porción superior a los 2.000 millones de dólares (monto que representa sólo el aumento del nueve por ciento en el impuesto) que, pretenden, regresen a sus bolsillos.
Por lo tanto, desde nuestro lugar, ni Plaza de Mayo con Cristina ni cacerolas paquetas. Nosotros estamos al medio y nuestra exigencia debería relacionarse más a un plan serio de desarrollo que aproveche una coyuntura única en la historia (más favorable aún que la de la posguerra, en la época peronista) mediante el excedente que proporciona el precio internacional de los alimentos.

jueves, 29 de mayo de 2008

Fútbol y sexo no van de la mano en Europa

El fútbol mueve multitudes, lo sabemos. Es, como diría algún personaje en cualquier estadio, una “pasión inexplicable”. Uno puede cambiar de automóvil, de esposa, hasta de partido político, pero nunca de equipo. El club de los amores siempre se lleva guardado en el fondo del corazón. Están “la vieja”, los hijos y el fútbol, y no necesariamente en ese orden.
Aquél que no vive el deporte de esa manera, jamás podrá entenderlo. ¿Cómo explicar los sentimientos más profundos del alma humana? Imposible.
Sin embargo, todo tiene un límite. Una encuesta realizada a 2.000 europeos reveló que más de la mitad de ellos prefiere ver un partido de fútbol importante a tener sexo. La estadística varía de acuerdo al país. A saber: en España, ese índice asciende al 72 por ciento; en Noruega, al 62 por ciento; Alemania el 62 por ciento y Gran Bretaña el 61 por ciento.
Yo vivo el fútbol. Gozo con el fútbol. Hasta he llorado alguna vez con una derrota, de esas que Belgrano, mi equipo, tiene a montones. Fui a la cancha más veces de la que puedo acordarme. Corrí de la policía. Me he peleado alguna que otra vez. Comí los choripanes a la salida de la cancha. Me han pungueado. En resumen, viví prácticamente todas las situaciones que pueden vivirse en una cancha de fútbol. Pero de ahí a preferir eso antes que el sexo. Bueno, creo que tenemos un problema grave, europeos míos.
Si el fútbol es una razón inexplicable, un sentimiento único, admitamos que levantarnos una mina (o un tipo, dependiendo del género y las preferencias) es el motor mismo de la vida. Porque desde ese punto de partida, levantarnos una mina (o un tipo, dependiendo del género y las preferencias), nace el fundamento mismo de nuestra sociedad: el amor, la familia, el derecho sucesorio, las creencias, etcétera, etcétera, etcétera.
En fin, Europa podrá tener un desarrollo superior, pero con razón no tienen hijos… ¡si no tienen sexo!
¿Cómo van a preferir un partido de fútbol a tener sexo? ¡Pedazo de animales! ¿Qué les pasa? Lo más gracioso es que después se quejan de los inmigrantes. Pretenden cerrar sus fronteras para mantener a raya a los extranjeros. Si no hubiese inmigrantes, me pregunto, ¿quién carajo se encarga de la procreación si estos estúpidos se la pasan mirando fútbol?

viernes, 23 de mayo de 2008

Un velo ennegrecido

La tormenta eléctrica rompe mi paz relativa entre la corriente y el agua. No es de noche, ni de día. La vida es como un letargo eterno en el cual los meses se hacen minutos y los minutos años y los años segundos. Da igual. Mis ojos posan en la inmundicia de un velo ennegrecido por la podredumbre humana. Más allá reposa el dolor de la multitud silenciada y aún más allá el mundo se esconde en su ignorancia fabricada. No ven porque no quieren ver. No ven. Ellos son los que tienen el velo inmundo sobre su cara.
Con los sentidos que me quedan adivino las almas como la mía. Almas que lloran porque saben que llega el final de sus días. Pero lloran porque este purgatorio no sólo les quita la vida; les lacera el espíritu. Ni el más fiel de los creyentes puede creer en el cielo después de vivir en el infierno. Las voces suplican, gritan, claman, susurran, suspiran, ruegan, vuelven a suplicar y a clamar y todo se resume en un macabro círculo de dolor y decepción.
No sé qué más decir. No sé a quién traicionar para que mi lamento se apague; para que mi dolor desaparezca. Sólo quiero volar por el espacio en soledad; inmune a la felicidad pero también a la pena. Al padecimiento de perder la vida bajo un velo. Un velo ennegrecido por la podredumbre humana mientras algún hijo de puta se congracia con su propia conciencia diciendo “por algo será”.

Un capo

En el mundo existen dos tipos de periodistas: los serios, que manejan información importante y saben cómo clasificarla, y los pseudoperiodistas, a los que podrán descubrir leyendo este blog.
Pero no escribo estas líneas para referirme a mi persona, sino a un profesional del primer grupo, acaso el mejor columnista que tuvo La Voz del Interior en los últimos años. Tan bueno era que el diario, con su lógica empresarial inexplicable, lo cesanteó. En fin, no vamos a hablar de política de medios tampoco, no vaya a ser que alguna vez me contraten.
Resumiendo, Enrique Lacolla, especialista en política internacional, nacional y cine, entre otras cosas, tiene su lugar en la red: Perspectivas (http://www.enriquelacolla.com/).
Si alguien confía aunque sea un poquito en mí, háganme caso y lean un poco, a ver si aprenden.

martes, 13 de mayo de 2008

Por las noches

Un niño hurga el oscuro basural de una calle cualquiera.
Una mujer vende su cuerpo al mejor postor.
Un hombre desarma un stand de lentes de sol sobre una plancha de telgopor.
Una viejita insulta a los transeúntes mientras intenta vender pequeños tejidos.
Una mujer ciega grita a los cuatro vientos que prefiere billetes a monedas.
Un policía, de uniforme, se detiene a comprar un DVD trucho de Los Simpsons.
Un punga se arriesga a cuatro años de cárcel por una cartera desvencijada con dos pesos dentro.
Una anciana sufre porque le robaron la cartera desvencijada.
Un alma en pena roza el rostro de los habitantes de la noche. Algunos creen que es una brisa.
Un anciano acomoda su cama frente al local de Magitur.
Una radio suena con fuerza desde el interior de una galería perdida.
Una pareja se besa con pasión en los canteros de una peatonal.
Algunos salen de sus trabajos en una jornada más larga de lo habitual. Los reconocés porque gritan en silencio ¡quiero irme a casa!
Una camioneta espera a que sus dueños, cartoneros, terminen con su faena.
Un perro flaco acompaña al conductor de un carrito destartalado.
Un profesional de la limosna reposa en las escaleras de una iglesia.
Y yo, camino entre todos ellos. Como uno de ellos. Como un animal nocturno.

¡Humillante será tu hermana!

Esta vez le toca al deporte. Es que la derrota de River en la Copa Libertadores ante San Lorenzo demostró una vez más lo patético que puede resultar un periodista defendiendo un negocio.
En realidad, deberíamos hablar de pseudoperiodistas, como algunos de TyC Sports u Olé, quienes trataron la derrota como si fuese la pérdida de un ser querido o, peor, una batalla por el honor. Términos como humillación, vergüenza, cobardía, deshonra o desgracia fueron escuchados o leídos asiduamente en las columnas de estos patéticos personajes que pierden de vista su función en la sociedad: comunicadores sociales.
Porque no importa de qué hable, el periodista siempre tiene que estar conciente de que es un comunicador social, con todas las responsabilidades que ello implica. Y elevar a cuestión de estado un duelo deportivo implica muchas cosas que pueden resultar gravísimas.
Pierden de vista que ellos mismos, con este tipo de actitudes, cooperan en el alarmante estado de locura que recorre las canchas de fútbol. Porque reducir la violencia en los estadios al estado de la sociedad en general es acertado pero incompleto. Una multiplicidad de factores, entre los cuales se encuentra por supuesto el descalabro social, cooperan y confluyen para generar violencia.
Y estos tipos, algunos incluso concientemente, ponen su granito de arena en esta locura generalizada. Acaso porque ese es su negocio, acaso porque son demasiado estúpidos, acaso porque necesitan darle al deporte un lugar que no tiene para mantener la atención del público. En fin, por muchas cuestiones que no desvían sin embargo el tema que aquí nos trae: etiquetarlos con adjetivos bastante desagradables, que tranquilamente transitan todo el recorrido existente entre pelotudos e hijos de puta.
¡He dicho!

domingo, 4 de mayo de 2008

jeropas hay en todos lados

Un funcionario japonés fue degradado por dedicarse a ver sitios pornográficos más de 780.000 veces durante sus horas de trabajo, a lo largo de un período de nueve meses. El hombre, cuyo nombre no vamos a mencionar en este caso (no nos vamos a andar pisando la manguera entre bomberos), es nada menos que un empleado público. Trabaja para el gobierno de Kinokawa, en el oeste de Japón.
Tiene el extraño record de haber visitado 780.000 sitios porno en Internet entre junio del año pasado y febrero de 2008. Mediante un rápido cálculo, el respetable empleado público visitó aproximadamente 3.939 páginas con contenido pornográfico por cada día hábil en ese tiempo, sin contar feriados, está claro, y teniendo en cuenta que nos referimos a jornadas laborales, porque el tipo no vivía en su trabajo.
O el japonés laburaba realmente muchas horas al día, o se la pasaba mirando páginas porno. Una de dos. Porque, prestando atención, imagino que visitar 3.939 sitios te debe consumir casi todo el día.
De todos modos, menos mal que no pasó en la Argentina. Sino, genios como López Murphy o Eduardo Feinman (el estúpido) o Andrés Oppenheimer, o cualquiera de esos personajes patéticos estaría clamando a gritos la privatización de los gobiernos, porque los empleados públicos no hacen otra cosa que rascarse las bolas.
¡Señores neoliberales –grito con euforia desde este humilde sitio-, nuestros empleados públicos serán inoperantes, pero si andan cachondos al menos tienen la decencia de borrar las huellas que pueden dejar su necesidades cibernéticas!!!!