martes, 13 de marzo de 2018

UTOPÍAS: Meritocracia y Equidad (Última Parte)


Nota 1: acá.
Nota 2: acá.

La Equidad (Justicia Social sería un término más adecuado) comparte el carácter utópico con la meritocracia, pero con dos diferencias fundamentales.

La primera es el coletivismo. Mientras la meritocracia es una utopía individual, la equidad traza un objetivo grupal.


La segunda, las dificultades para asignarle una definición más o menos precisa. Más allá de críticas o desacuerdos, la definición de meritocracia no admite muchos matices. La de equidad, no.

Quizá como en una metáfora de las diferencias entre la izquierda y la derecha, meritocracia es bastante más precisa que equidad en su definición (al margen de que el contenido de la definición de meritocracia sí sea cuestionable).

¿Qué es equidad, qué es justicia social? No hay una sola salida a la duda que ataque directamente al génesis del término, lo que seguramente ha provocado muchas derrotas en discusiones de café.

La equidad, ¿cuándo? Si se fuera totalmente equitativo con el ser humano al nacer, si se equiparara la educación y la formación en todos los sentidos y luego se los dejara libres... bueno, sería algo meritocrático.

Pero a eso no refiere la utopía equidad, sino a un reparto equitativo de la riqueza. Esa es la utopía, que también se desvanece con relativa facilidad cuando se la desgrana. ¿Cómo se reparten los recursos de manera equitativa?, ¿qué significa exactamente repartir los recursos de manera equitativa?

La profundidad de la utopía, es decir, hasta dónde el locutor está dispuesto a llegar con eso de “repartir los recursos de manera equitativa”, es un revelador ideológico interesante. Es más, se podría medir cuán de izquierda es la izquierda de un país, analizando hasta dónde está dispuesta a llegar, cuán profundo promete escarbar, cuántas columnas va a derribar y cuántas a construir para llegar a la distribución equitativa de los recursos.

No obstante, y esto es acaso lo más interesante, la equidad no termina de ser un concepto disruptivo, sino más bien un corrector. La equidad busca construir mecanismos para perfeccionar al capitalismo. Apunta directo en la herida de un sistema que no está preparado para ocuparse de muchas personas, sino que al contrario persigue la construcción de un mundo de ganadores y perdedores, de fuertes y débiles, en el que los perdedores/débiles no tienen espacio para vivir y son lanzados por la ventana al vacío, a otro lado, a la nada, a ellos no les importa.

Esa es quizá la crítica más relevante a la equidad, e incluso la razón de su propia debilidad. Es tan utópica que busca ser un parche para un agujero demasiado grande como para remedar; un agujero que obliga a cambiar de prenda...

Mientras la meritocracia es conscientemente inalcanzable, es el recurso maquiavélico para mantener un estatus quo, es el argumento idiota (conscientemente idiota, pero le importa un choto), la equidad es un concepto ingenuo, bienintencionado pero inconsciente de sus propias limitaciones.

Una utopía sabe que miente, la otra no sabe que está equivocada. Las dos se mueven dentro del mismo sistema, lo aman, lo abrazan, una busca mejorarlo, la otra perpetrarlo.

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