miércoles, 6 de diciembre de 2017

¿Qué pasa con la alternancia?

La interpretación de la ley formulada por el oficialismo boliviano para que el presidente Evo Morales pueda volver a presentarse en los próximos comicios generó un fuerte debate en torno a la supuesta perpetuación en el poder del mandatario.


Algunos se refieren a los sistemas europeos en los que los políticos pueden presentarse indefinidamente en cargos de liderazgo, otros recuerdan las oscuras consecuencias de la perpetuación en el poder.

Es un debate interesante y válido. Sin embargo, la izquierda, o el progresismo, o el socialismo, o como se quiera llamar a las corrientes alternativas surgidas en Latinoamérica con el nuevo milenio se deben una discusión más profunda: ¿Qué pasa con la alternancia?

La permanencia de los líderes progresistas de la región en el poder desnuda la poca capacidad de los movimientos alternativos de generar dirigentes que puedan discutir el liderazgo, que lo cuestionen, que lo asalten.

Si bien es cierto que el debate político es mucho más rico y enriquecedor en la izquierda que en la derecha, también es verdad que la izquierda, pese a su efervescencia política, no genera líderes y suele encolumnarse detrás de proyectos que terminan por convertirse en personalistas.

Ejemplos recientes, sobran. Dilma Rousseff debe ser de los cuadros políticos más importantes de la historia latinoamericana. Sin embargo, fue echada de la presidencia mediante una medida burda, que no obstante contó con un fuerte apoyo popular. Y ahora el PT depende del regreso de Lula para subsistir.

El kirchnerismo en Argentina ya parte de un inconveniente: su ismo surge de un apellido (más personalista, imposible). Pero cuando Cristina ya no podía presentarse, optó por Daniel Scioli, un dirigente cercano al movimiento, fiel al movimiento, pero ideológicamente a kilómetros del movimiento.

En Ecuador, la progresista Alianza País se ha quebrado, dejando al presidente Lenin Moreno a un costado y su predecesor, Rafael Correa, por el otro.

Resulta curioso cómo un sector político en el que el debate político es rico e intenso, en el que la juventud suele tener un papel preponderante y la militancia se impulsa y premia, no genera cuadros para acelerar la alternancia, mientras que la derecha, que propone la antipolítica, que premia la despolitización y castiga la militancia, cuenta con una notable facilidad para encontrar líderes.


¿Será que los líderes de la derecha no son en realidad los líderes? Es posible, pero así y todo, la alternancia en la derecha es mucho más sencilla que en el progresismo, o izquierda o neosocialismo, o como se le quiera llamar. 

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