LaDavid Johnson era el nombre de uno de los cuatro soldados estadounidenses fallecidos en Níger, cerca de la frontera con Malí.
LaDavid Johnson era el nombre que el presidente estadounidense Donald Trump olvidó mientras daba el pésame a la viuda, en un furcio que se transformó en “la noticia” de las últimas semanas.
Sin embargo, el error de Trump y el escándalo posterior a semejante barbaridad desvió la atención de la cuestión más acuciante: ¿qué hacían esos tipos en Níger?
La muerte de Johnson reveló en primer lugar que el presidente hace uso y abuso de una de las prerrogativas cedidas por el Congreso al Ejecutivo tras los atentados del 11S, en 2001. Esto es la posibilidad de enviar misiones militares al extranjero sin rendir cuentas al poder legislativo.
De hecho, los congresistas encargados de supervisar al Pentágono no tenían conocimiento de la presencia estadounidense en Níger y por ello se abrió el debate sobre la necesidad de un mayor control en estos casos.
Pero, además del descontrol en el despliegue de fuerzas militares, y en un debate que adquiere fuerza porque Trump es el presidente, como si George W. Bush y Barack Obama fueran pacifistas, la discusión en torno al tema blanqueó la cantidad de fuerzas que tiene desplegada la primera potencia militar en todo el mundo.
De acuerdo a los datos oficiales, Estados Unidos tiene desplegados en el extranjero a más de 240.000 soldados. Pero se calcula que esa cifra es superior, pues habría otros 40.000 enviados en misiones secretas, sobre los cuales el Pentágono no ofrece datos.
Esos 240.000 soldados están en 172 países. Tomando en cuenta que los Estados miembro de la ONU son 193, Estados Unidos tiene presencia militar en el 90% de los países formalmente reconocidos por el organismo multilateral.
Después, claro, hay otros 40.000 que podrían estar en cualquier parte cumpliendo con misiones secretas.
Recordando las filtraciones conocidas tiempo atrás sobre los programas de espionaje de extranjeros, tanto rivales como aliados, llevado a cabo por distintas agencias estadounidenses, queda en evidencia la preponderancia militar y el objetivo de ese predominio.
Lejos de los idealismos cinematográficos que caricaturizan a Estados Unidos como un país que lucha contra las injusticias, que trasciende las fronteras exportando ideales liberales y democráticos, queda bastante claro que los desmedidos esfuerzos de la primera potencia mundial por mantener su predominio militar tienen una razón bastante fundamentada: la naturaleza de su dominio.
Más allá del predominio económico, del vanguardismo tecnológico, del liderazgo productivo, Estados Unidos es esencialmente un país militarizado que ejerce su predominio mostrando los músculos. En particular, luego de los ataques a las Torres Gemelas.
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