domingo, 26 de marzo de 2017

24 de Marzo: el verdadero curro

Foto: Correo del Sur
El gobierno nacional resumió su discurso ante la movilización que se le venía por el 24 de marzo bajo dos tópicos comunicacionales: una preocupación light por la materia (obligada por la presión social, punto para el pueblo) y la crítica al kirchnerismo por hacer de la lucha por la memoria histórica un caballito de batalla electoral, no exento de denuncias por corrupción en el camino. Hay un tercer pilar que han usado pero que de momento no le ha funcionado: el negacionismo.


Bajo el lema “terminar con el curro de los Derechos Humanos” y otras frases similares, el gobierno reaccionario de Mauricio Macri trató de deconstruir el poderoso entramado político, institucional y social generado alrededor de la lucha por la memoria histórica, liderado por organizaciones que quizá cometieron el error de quedar demasiado pegadas al kirchnerismo.

En paralelo a la separación entre los “derechos humanos decentes” de los “derechos humanos corruptos”, el gobierno se tiró un lance por reescribir la historia, por cambiarla por una historia más acorde a su génesis ideológico: no son 30,000, fue una guerra.

Afortunadamente, esa idea tuvo que hacerse momentáneamente relegada (prohibido bajar la guardia porque nunca van a dejarla a un lado) ante la soberbia demostración popular en las marchas del 24 de marzo a lo largo y ancho del país y cuando María Eugenia Vidal se reunió en buenos términos con Estela de Carlotto. Por el lado del oficialismo (al menos una parte), es una señal de que, les guste o no les guste, van a tener que seguir trabajando por la Memoria Histórica. En cuanto a Abuelas, fue un gesto inteligente. Más allá de las diferencias, hay que marcarle la cancha al gobierno: el Estado no puede desentenderse de lo que pasó en los años de plomo, y el camino para llegar a la verdad son las organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Pero volviendo al enfrentamiento con el kirchnerismo, acaso la única arma electoral que tiene el oficialismo a la mano, el gobierno apostó con fuerza en esta fecha insistiendo con el speach del “curro de los derechos humanos”.

La frase apuntó en especial a Madres de Plaza de Mayo y las acusaciones por desvíos de fondos públicos y a la sensación que recorre por algunos argentinos: que la gente que lucha por la Memoria Histórica es acomodaticia y busca en realidad succionar fondos de la teta del Estado.

La afirmación por el curro de los derechos humanos es, no obstante, una contradicción que tarde o temprano puede volver a golpear al gobierno como un boomerang, toda vez que se analice con algo de cordura quiénes fueron los actores que realmente se beneficiaron por lo ocurrido en aquellos años.

Y la conclusión, la primera, la más sanguínea pero no por ello apresurada, apunta a una dirección bastante clara. Dos de los actores políticos y sociales más importantes de la actualidad progresaron de forma decisiva gracias a los gobiernos militares. De hecho, son lo que son gracias al aporte recibido por los dictadores.

Foto: Chacabuco Noticias.

Papá Franco


El padre de Mauricio Macri, Franco, comenzó a construir su emporio durante la dictadura de Onganía y la fortaleció hasta convertirse en uno de los empresarios más importantes del país durante la última dictadura.

La resultante de aquellos años es nada más y nada menos que un presidente: el nene, Mauricio, y uno de los grupos económicos que más y mejor han construido sus relaciones con el Estado desde el regreso de la democracia.

Papel Prensa


Sin la espuria apropiación de Papel Prensa, posiblemente Clarín no podría haber construido el emporio que fortaleció gracias a Menem, en primera instancia, y Kirchner, antes de la pelea de 2008 (el gobierno K aprobó la fusión Multicanal-Cablevisión, dándole a Clarín el monopolio del cable en la Argentina).

Personalmente, no conozco otro país democrático en el que un grupo económico tenga el monopolio de la televisión por cable y sea dueño de los medios gráficos, televisivos y radiofónicos más importantes a nivel nacional y a nivel local en varias ciudades secundarias, logrando una concentración tan espectacular como inadmisible.

Macri y Clarín son apenas dos muestras de quiénes fueron los que realmente se beneficiaron gracias a lo sucedido en aquellos años. De cuál fue el verdadero curro, porque hay que tener en cuenta un factor determinante: los miles de desaparecidos, asesinados y torturados fueron la consecuencia más funesta de una dictadura, pero no el objetivo final.

La violencia fue un canal, una herramienta para conseguir el verdadero objetivo de la dictadura: refundar al país. Destruirlo y volverlo a construir desde los cimientos. Sacar como sea a todo aquello considerado indeseado; eliminar de raíz varias generaciones de dirigentes, procurando sentar las bases para que en el futuro no vuelvan a generarse; modificar la pertenencia de los recursos que ya no le pertenecían a los socios de la dictadura; configurar una estructura socioeconómica sólida y estática que se perpetúe en el tiempo.

Que dos de los protagonistas más influyentes de la actualidad argentina expliquen esa influencia a partir de sus respectivas alianzas con ese gobierno militar, es una muestra de la magnitud del plan de refundación.

Que cientos de miles de personas tome las calles en un grito unido, es una muestra de que afortunadamente esa refundación no ha triunfado.

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