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| Foto: Correo del Sur |
El gobierno nacional resumió su
discurso ante la movilización que se le venía por el 24 de marzo
bajo dos tópicos comunicacionales: una preocupación light por la
materia (obligada por la presión social, punto para el pueblo) y la
crítica al kirchnerismo por hacer de la lucha por la memoria
histórica un caballito de batalla electoral, no exento de denuncias
por corrupción en el camino. Hay un tercer pilar que han usado pero
que de momento no le ha funcionado: el negacionismo.
Bajo el lema “terminar con el curro
de los Derechos Humanos” y otras frases similares, el gobierno
reaccionario de Mauricio Macri trató de deconstruir el poderoso
entramado político, institucional y social generado alrededor de la
lucha por la memoria histórica, liderado por organizaciones que
quizá cometieron el error de quedar demasiado pegadas al
kirchnerismo.
En paralelo a la separación entre los
“derechos humanos decentes” de los “derechos humanos
corruptos”, el gobierno se tiró un lance por reescribir la
historia, por cambiarla por una historia más acorde a su génesis
ideológico: no son 30,000, fue una guerra.
Afortunadamente, esa idea tuvo que
hacerse momentáneamente relegada (prohibido bajar la guardia porque
nunca van a dejarla a un lado) ante la soberbia demostración popular
en las marchas del 24 de marzo a lo largo y ancho del país y cuando
María Eugenia Vidal se reunió en buenos términos con Estela de
Carlotto. Por el lado del oficialismo (al menos una parte), es una
señal de que, les guste o no les guste, van a tener que seguir
trabajando por la Memoria Histórica. En cuanto a Abuelas, fue un
gesto inteligente. Más allá de las diferencias, hay que marcarle la
cancha al gobierno: el Estado no puede desentenderse de lo que pasó
en los años de plomo, y el camino para llegar a la verdad son las
organizaciones defensoras de los derechos humanos.
Pero volviendo al enfrentamiento con el
kirchnerismo, acaso la única arma electoral que tiene el oficialismo
a la mano, el gobierno apostó con fuerza en esta fecha insistiendo
con el speach del “curro de los derechos humanos”.
La frase apuntó en especial a Madres
de Plaza de Mayo y las acusaciones por desvíos de fondos públicos y
a la sensación que recorre por algunos argentinos: que la gente que
lucha por la Memoria Histórica es acomodaticia y busca en realidad
succionar fondos de la teta del Estado.
La afirmación por el curro de los
derechos humanos es, no obstante, una contradicción que tarde o
temprano puede volver a golpear al gobierno como un boomerang, toda
vez que se analice con algo de cordura quiénes fueron los actores
que realmente se beneficiaron por lo ocurrido en aquellos años.
Y la conclusión, la primera, la más
sanguínea pero no por ello apresurada, apunta a una dirección
bastante clara. Dos de los actores políticos y sociales más
importantes de la actualidad progresaron de forma decisiva gracias a
los gobiernos militares. De hecho, son lo que son gracias al aporte
recibido por los dictadores.
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| Foto: Chacabuco Noticias. |
Papá Franco
El padre de Mauricio Macri, Franco,
comenzó a construir su emporio durante la dictadura de Onganía y la
fortaleció hasta convertirse en uno de los empresarios más
importantes del país durante la última dictadura.
La resultante de aquellos años es nada
más y nada menos que un presidente: el nene, Mauricio, y uno de los
grupos económicos que más y mejor han construido sus relaciones con
el Estado desde el regreso de la democracia.
Papel Prensa
Sin la
espuria apropiación de Papel Prensa, posiblemente Clarín no podría
haber construido el emporio que fortaleció gracias a Menem, en
primera instancia, y Kirchner, antes de la pelea de 2008 (el gobierno
K aprobó la fusión Multicanal-Cablevisión, dándole a Clarín el
monopolio del cable en la Argentina).
Personalmente,
no conozco otro país democrático en el que un grupo económico
tenga el monopolio de la televisión por cable y sea dueño de los
medios gráficos, televisivos y radiofónicos más importantes a
nivel nacional y a nivel local en varias ciudades secundarias,
logrando una concentración tan espectacular como inadmisible.
Macri
y Clarín son apenas dos muestras de quiénes fueron los que
realmente se beneficiaron gracias a lo sucedido en aquellos años. De
cuál fue el verdadero curro, porque hay que tener en cuenta un
factor determinante: los miles de desaparecidos, asesinados y
torturados fueron la consecuencia más funesta de una dictadura, pero
no el objetivo final.
La
violencia fue un canal, una herramienta para conseguir el verdadero
objetivo de la dictadura: refundar al país. Destruirlo y volverlo a
construir desde los cimientos. Sacar como sea a todo aquello
considerado indeseado; eliminar de raíz varias generaciones de
dirigentes, procurando sentar las bases para que en el futuro no
vuelvan a generarse; modificar la pertenencia de los recursos que ya
no le pertenecían a los socios de la dictadura; configurar una
estructura socioeconómica sólida y estática que se perpetúe en el
tiempo.
Que
dos de los protagonistas más influyentes de la actualidad argentina
expliquen esa influencia a partir de sus respectivas alianzas con ese
gobierno militar, es una muestra de la magnitud del plan de
refundación.
Que
cientos de miles de personas tome las calles en un grito unido, es
una muestra de que afortunadamente esa refundación no ha triunfado.


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